Nuestra aportación a la educación infantil

Evaluar en infantil (3ª parte)

In ReflexionArte on 18/12/2014 at 08:36

Me pasa siempre, cuando acabo de cubrir los boletines informativos para las familias del alumnado, me asalta la duda, o mejor dicho, tengo la seguridad de que no reflejé los cambios producidos en cada uno de los niños y niñas, ni tan siquiera los más importantes. Si cualquier persona cogiese alguna de esas hojas informativas no se podría hacer ni una vaga idea de quien están hablando. Esto no es cosa de ahora, como decía, me pasó siempre: con los boletines XADE o con cualquier otro que empleé a lo largo de mi vida profesional. Cuando los estoy cubriendo y voy allá por el quinto o sexto, tengo la sensación de que en otro momento podría decir otra cosa, me preocupa el cómo los entenderán las familias, y me parece que convierten a los niños/as en unos iguales a los otros, cuando en realidad son tan diferentes.

Bien sé que en nuestra formación nos hablan de instrumentos de evaluación como listas de control, diarios de clase, anecdotarios, etc, etc, pero la verdad es que a mí no me aportan mucho más y por encima me generan la mala conciencia por no emplearlos cuando, en la práctica, cualquiera sabe que eso es imposible de llevar a cabo estando cinco horas al cien por cien con 25 críos. En cualquiera caso, no estamos hablando de los medios sino de la forma en la que se evalúa.

Tan sólo hay dos hechos que me calman la mala conciencia de los boletines: las conversaciones con las familias, y sobre todo, la evaluación que hago con el alumnado (a diario, periódicamente, al final de cada trimestre).

Como en breve también le dedicaremos en el blog una entrada a la programación, allí ya explicaremos más detalladamente cómo planificamos a diario la sesión de trabajo, y cómo dedicamos un tiempo para hacer una valoración conjunta de lo realizado así como del ajuste de esa planificación. Parece algo del todo lógico, cualquiera en su vida personal o profesional, previamente, debe planificar en qué va a emplear su tiempo y esfuerzo en la jornada, y al finalizar, debe valorar si se consiguió lo propuesto; de lo contrario, se tendrá que analizar qué falló, la planificación o el trabajo. Este es un ejercicio, para nosotras, diario con nuestro alumnado. Cualquier niño o niña, de antemano, debe saber o tener unos trazos, de lo que va a pasar ese día en el aula o en la escuela. Luego pueden surgir imprevistos (que casi siempre surgen), pero esa rutina (que casi nunca aparece ni se habla de ella en las programaciones diarias) debería ser una constante, porque le aporta seguridad a los niños, porque les ayuda a estructurar el tiempo, porque les permite organizar con lógica y coherencia las tareas; y finalmente, porque les inculca un hábito fundamental en la vida y del que carecen muchas personas: la capacidad de planificar con sentido el tiempo y el esfuerzo. Esto es elemental pero no habitual; hay quien se echa al camino sin saber para qué, con qué, cuánto tiempo le llevará ni a dónde llegará. Un niño o una niña, no pueden estar cinco horas en la incertidumbre de no saber lo que va a suceder en ese tiempo.

Planificar al inicio de la jornada y valorar lo hecho al final, es un modo de evaluar lo realizado, su ajuste y la validez de ese trabajo. De igual modo procedemos cuando cerramos una temporada -cada uno de esos bloques de tiempo que se corresponden casi siempre con ciclos naturales en los que se realizan unas actividades propias de ese tiempo: a la vuelta del verano, el inicio del otoño, el tiempo de los frutos, el previo las vacaciones de Navidad,  el invierno… Cada quien lo dividirá como considere o como cuadre, pero siempre hay un tránsito, y en ese momento, nosotras, al cierre de cada uno de esos bloques hacemos con el alumnado una valoración del trabajado y del poso que nos deja.

Y llegado el final de trimestre también hay que dedicar un tiempo específico a esa labor.

Por desgracia, uno de los aspectos negativos de la evaluación, es que introduce presión en la vida de los críos. Las familias, por inercia suelen decirle a los hijos/as  “a ver cómo vienen las notas”; es algo inevitable que casi todos hacen, iniciando una especie de chantaje que los acompañará a lo largo de toda su vida académica. Lo peor es que en la edad de nuestro alumnado, para ellos es casi un “misterio”  el mensaje que portan en esa hoja que acompaña los trabajos escolares y que los padres/madres leen con avidez. Por ello, y porque creemos que la evaluación tiene que ser enriquecedora no atemorizadora, nosotras dedicamos tiempo para hablar con los niños/as sobre el contenido de esos boletines.

Nosotros mismos, en clase, en conjunto, hacemos una “evaluación” de los logros conseguidos en el trimestre, así como de los puntos fuertes y de los aspectos precisados de avance. Le comentamos que nos vamos a reunir todas las maestras que estamos con ellos y que hablaremos de estas cuestiones. Luego, también les avanzamos algunos de los ítemes contemplados en los boletines para que ellos, individualmente, piensen sobre el dominio que tienen en esos puntos. Es relativamente fácil que cada uno de ellos sepa valorar si “emplea adecuadamente las tijeras”, si “se esfuerza por rematar las tareas”, “si sabe respetar los turnos de palabra”, “si recoge el material”, etc, etc. Si se hace la prueba, se podrá comprobar que sus “evaluaciones” son bien certeras, por ello insistimos en que esto no pode ser un misterio para los niños. Hay que dedicarle tiempo, nada más que eso y cambiar dinámicas. Cubrir los boletines y preparar las carpetas con el material a final de trimestre, son labores que casi siempre hacen las maestras sin contar con los niños/as cuando en realidad son ocasiones magníficas para hacer un balance de lo realizado, de lo aprendido y de lo que nos queda por aprender.

Nosotras, que casi a diario subimos información en los blogs de aula, también echamos mano de estos para hacer balance. Ver y comentar cada una de las entradas del blog, con las noticias, con las fotografías, con las actividades del día a día, abrir ese almacén y hacerlos conscientes de todo lo realizado en el trimestre, constituye para nosotras un recurso inestimable de la memoria del aula, que nos permite visualizar toda la vida escolar de estos últimos tres meses: aniversarios, celebraciones, actividades sorprendentes, novedades, incidentes …, es como mirar un álbum de fotos que permite conservar el recuerdo de un tiempo de aprendizajes, de afectos, de sorpresas, de emociones, incluso de enfados, en definitiva un tiempo que vivimos juntos en el que compartimos, aprendemos y enseñamos.

Esta es la evaluación que nos gusta y que nunca podremos reflejar en un boletín, en un informe o en una acta, pero que, de hacerla así, estamos convencidas de que es una fuente de aprendizaje, no de control. Tan sólo hay que dedicarle tiempo con el alumnado; no debe ser realizada por la maestra en soledad con la única compañía del ordenador. Al final de trimestre, en lugar de ir a prisa, hay que dejar un tiempo para mirar con satisfacción para atrás y también hacia delante.

Desde que lo estudiamos en la Facultad, repetimos como loros que la evaluación tiene que ser global, continua, formativa, cualitativa, criterial, personal y participativa, pero en verdad, creemos que no se entiende ben el significado y alcance de estas características.

Arena cinética, arena de la luna o arena mágica: verificando o descartando hipótesis

In EncienciArte on 12/12/2014 at 16:06

Nuestro alumnado quedó maravillado cuando nuestra compañera Luz nos trajo una bolsa de arena cinética del Museo de los Niños de Nueva York. No la conocíamos, y sin verla y/o tocarla resulta muy difícil explicar la sensación que produce tanto visual como táctil, pero con este vídeo se pueden hacer una idea aproximada.

Por aquel entonces, estábamos muy dedicados a nuestros talleres de modelado, y esta forma de trabajar, con este material, era una experiencia y una sensación que no se parecía la ninguna de las otras masas o pastas que habíamos empleado con anterioridad. Incluso tiene un efecto relajante, casi hipnótico, cuando se observa como se expande y desmorona.

Quedamos tan “enganchados” que buscamos por la red cómo podríamos “fabricarla” en clase.

Ahora, en estos días de tanta actividad, de alteración, y ya de cansancio, decidimos retomar el asunto, pensando que podría ser una experiencia relajante.

En una primera búsqueda, vimos varias recetas para hacerla que nos parecieron de lo más sencillo; al parecer sólo se trataba de añadir aceite de bebé. Cosa fácil. Así, buscamos arena, tal y como nos indicaban, la metimos en el horno para eliminar gérmenes; la tamizamos y, todos ilusionados, añadimos el aceite. Los niños/as fueron los primeros en percatarse de que aquello no era igual a la arena cinética comercial que habíamos probado. Percibieron que esta manchaba las manos -cosa que no sucedía con la otra-, que no lográbamos compactarla para darle forma, y que luego no se deshacía como la otra. Miramos si se trataba de añadir más aceite, pero ese no era el problema. Disfrutaron jugando con ella, pero no hacían más que comparar con el recuerdo táctil y visual que tenían. Esto dio mucho de sí. Por ello, no lo entendimos como un fracaso, sino que nos dio ánimos para seguir indagando y probando nuevas fórmulas.

Un niño apuntó que a lo mejor yo me había confundido y que se tratase de gel de bebé, ya que es más pegajoso. A todos los demás les pareció acertada la propuesta, de modo que ese sería el segundo intento. Otros apuntaron la posibilidad de echarle agua. Otros de que podía tratarse de suavizante porque dejaba las manos muy suaves. Nos pareció increíble la cantidad de hipótesis o alternativas que salieron. Acordamos además que le pedirían a sus padres y madres que buscasen desde sus ordenadores o tabletas por si les aparecía algo distinto que en el nuestro.

Por nuestra cuenta afinamos más la búsqueda y supimos que la arena cinética es un compuesto que en su mayor parte (98%) es arena, más un 2% de compuestos químicos, como el polidimetilsiloxano, una silicona basada en un polímero orgánico que la dota de unas particulares propiedades como la maleabilidad, que no se seca, no mancha -porque sólo se pega a sí misma-, y no es nocivo. Añade que este compuesto es tan caro que no compensa hacerlo en casa.

Pero ya estábamos embarcados. Ahora no había vuelta atrás; al menos debíamos comprobar las propuestas de los niños. No teníamos nada que perder, estábamos investigando, manipulando, ejercitando la memoria visual, la táctil, y cuando menos estaban entusiasmados. Así vimos también la alternativa de añadir almidón de maíz (Maizena) y agua.

De nuevo nos preparamos para las pruebas: los dividimos en cuatro grupos según apostasen por la opción de agua + aceite, gel, suavizante, o el ingrediente secreto de la maestra, harina de maíz, que la verdad no contó con muchos seguidores, excepto un niño y una niña que, suponemos, se posicionaron más por “lealtad” con la maestra que por convicción.

En papel, preparamos una tabla de verificación de hipótesis, que cada uno iría cubriendo en función de su percepción de los resultados conseguidos con los diferentes ingredientes. Así como del cumplimiento de las características singulares de la arena mágica: no mancha-modela-se desmorona- se mueve. Fuimos conscientes de la dificultad que entrañaba la verificación de una de esta formulada en negativo -no mancha-, podríamos ponerla sin la negación, -así facilitaría su comprensión-, pero, de ese modo no nos darían todas la comprobaciones en afirmativo, por lo cual decidimos mantenerla así. Si lográbamos la fórmula correcta, tendrían que cumplirse todas las condiciones en sí, al igual que sucedía con la arena comercial.

Tras los tres primeros fallos, y viendo su desánimo, llegamos a prometer que si no  lo lográbamos, compraría un paquete de arena cinética comercial pese a lo cara que es.

Aquí puede verse todo el proceso. Ver presentación.

Arena cinética

En cuanto a los resultados del producto, hay que reconocer que sólo logramos acercarnos a las cualidades de la arena comercial con la mezcla de Maizena, lo que los hizo estallar de alegría, como cuando los científicos hacen un gran descubrimiento. Con la excepción de que mancha un poco -no tanto como las otras- y el movimiento que tiene, compensa esa diferencia; así puede verse en las tablas de control que los “investigadores” más puristas, tuvieron dudas sobre si poner “Sí” o “No” en el apartado de cumplimento de esa condición.

Cando iniciamos el proceso con la Maizena, la opinión de los observadores era totalmente negativa, dado que según se indicaba en la receta, había que mezclar 2 tazas de ese almidón con agua; esto solidificó de inmediato, de modo que los niños/as ya me decían, “Ángeles, es Falso”; luego tuvimos que desmigajar ese mazacote que decían semejaba queso. Parecía imposible que aquello pudiese “absorber” las 4 tazas de arena que había que añadir. Le echamos un poco más de agua, y entonces vino la sorpresa: ¡aquello empezaba a moverse! Fue un momento increíble, en el que exclamaban “¡Lo conseguimos!”, “¡Es Verdadera!” Fue fantástico, pero como siempre, para nosotras, es más importante todo el proceso de la experiencia investigadora que el producto en sí.

Cuando comenzamos, no podíamos imaginar que esto diese tanto de sí, pero fue otra de esas nuestra experiencias “elásticas”, que tienen más calado del que cabría esperar. Lo que iba camino de ser una actividad puntual y relajante, se convirtió en un pequeño proyecto de investigación.

Taller de postales con corazón

In CativArte on 05/12/2014 at 22:13

3 grupos mixtos de 3, 4 y 5 años, 75 niños y niñas, 2 maestras, 3 días, 3 talleres de 2 horas cada uno con el objeto de elaborar postales con las que felicitar las fiestas. Materiales, los existentes en el aula, todos expuestos y a su disposición. Consigna, hacer corazones, porque las postales sirven para manifestar a sus destinatarios que los queremos y que nos acordamos de ellos. Inspiración, el libro-CD “CoraSons” de Kalandraka. Clima de tranquilidad y de respeto por los gustos personales que se reflejan en las creaciones. Resultado, una postal con un corazón único en la portada y con una fotografía del autor o autora con su creación.

Sencillo y gratificante.

En breve iremos a Correos para enviarlas.

Finalmente un collage en el que se recogen todos los corazones.

Ver presentación.

Total corazones

Y ya convertida en cartel de 100×140 y felicitación del centro.

Felicitación Nadal

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