El retorno de las maestras de infantil

“Caja vacía”, Oteiza (1958)

Tras muchos años solapadas bajo una ingente cantidad de nuevas modas, llegó el momento de sacar el maestro o maestra que teníamos medio adormilado o aturdido entre tanto recurso, material, “metodología”, programa, tecnología o novedad.

Durante el confinamiento el que más y el que menos hizo limpieza en sus armarios y cajones. Ahora le tocó a las escuelas. Por los protocolos de prevención hubo que vaciar las aulas. Hay quien lo está viviendo como un drama. Hay quien dice que no sabe en qué empleará el tiempo. ¿Qué tal si probamos a ser maestras y maestros?

Cuando comencé a trabajar hace ya más de treinta años, llegué a una sala que acababan de acondicionar como aula. Solo tenía las mesas, las sillas, un encerado, un paquete de folios y quince lápices que me había dado mi compañero para poder arrancar. Me recordó con insistencia su conversión del coste de cada recurso escolar en alimentos. Me pidió responsabilidad en el gasto y compromiso con la economía familiar. Procuré no defraudarlo. Fui una maestra de bajo coste, como dicen ahora. Canté, hice psicomotricidad, danzas, dramatización, mímica, empleé material de desecho, saqué provecho del entorno, conté cuentos “de boca”, recité poemas, adivinanzas y retahilas. Hablamos, reímos y contamos en un aula desnuda de recursos pero llena de alegría. Fue el año en el que fui más maestra que nunca después. Al finalizar el curso hice inventario, seguía teniendo quince mesas, quince sillas, quince lápices, quince niñas y niños felices y quince familias agradecidas.

Ahora al ver los protocolos, la restricción de espacios y de materiales, las aulas desprovistas y los temores a que los niños “toquen”, volví al recuerdo de mi primera escuela. Habrá que volver a ser maestras de infantil.

No perdáis el tiempo pensando en cómo plastificar o cómo desinfectar los materiales. Empleadlo recordando o aprendiendo de memoria cuentos, cantos, poemas, historias, juegos…

Tengo la certeza de que saldremos fortalecidas. La escuela ganará. Seremos más felices. Nos escucharemos más. Aprenderemos mejor. Conviviremos, compartiremos y charlaremos libres de contagio.

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