Responsabilidad

Vamos a dar comienzo al curso académico más complejo de todos los conocidos hasta ahora. Dos días antes, no sé qué me molesta más:

-si escuchar a las familias que desconfían de la escuela,

-si escuchar al profesorado que secunda una huelga en el primer día.

Dicho esto, sé que se me echará encima medio mundo. De las familias se agraviarán las que estuvieron durante todo el verano previniendo el contagio de manera responsable. Y de los docentes aquellos que van a la huelga pretendiendo así defender los derechos del profesorado.

A las familias les preguntaría si realmente desconfían de las medidas que se adoptan en la escuela o de la responsabilidad de todos los padres y madres. Basta con dar una vuelta por los parques, por la playa, por las calles o por las terrazas para suponer que hay muchos progenitores que están bien tranquilos con la salud de sus hijos e hijas. Pregunto si en verdad le van a tomar la fiebre todas las mañanas antes de traerlos a la escuela, si van a observar todas las normas de higiene y de prevención, si van a cumplir en casa con lo que demandan del centro. Aclaremos entonces si el miedo es por la escuela o porque saben que se juntarán con otros niños.

A los docentes les preguntaría si realmente piensan que la única manera de hacerse oír es no estando en su puesto de trabajo un día tan complicado como será el de inicio de curso. ¿Acaso no hay espacios, lugares y mecanismos para reivindicar derechos laborales sin perjudicar al alumnado, a las familias y a los compañeros? En un día en el que aún no sabemos bien como proceder, en un día en el que harán falta más ojos y más manos que nunca, ¿en verdad creéis que la huelga es lo idóneo para que la sociedad se sensibilice con los agravios a la profesión y a la escuela pública?

En más de una ocasión hemos manifestado nuestra admiración por Loris Malaguzzi. Por lo que leímos, una de sus grandes preocupaciones siempre fue la de conciliar los derechos de los trabajadores educativos con el bienestar de la infancia. Él siempre lo tuvo claro. Su ideología y compromiso político también eran públicos y notorios. Con todo, siempre antepuso los derechos de la infancia por encima de todo. Nosotras también.

Una amiga definió esto como “el suicidio de la pública”. Acertó porque la estamos dinamitando desde dentro. ¿Quién puede cometer la ingenuidad de pensar que estas medidas de presión provocarán la mejora de la escuela y de su consideración social? Solo alguien que está muy lejos de su día a dia, alguien que solo habla con los de “su cuerda”, alguien que tiene otros intereses, alguien para quien el alumnado no es lo prioritario.

No queremos extendernos más porque ya está todo dicho. Tan sólo se trataba de manifestar un malestar. De decir en voz alta que no compartimos ni nos solidarizamos con estas dos cuestiones. Hay mucha gente que tampoco. Pero hay veces en las que debemos hablar claro y desmarcarnos. Esta es una de ellas.

Así se lo decimos: empleando esas estrategias, no defiendan “nuestros derechos”.

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