El virus de la tristeza

El virus de la tristeza de los cítricos ( CTV) es una de las enfermedades más dañinas en este cultivo con epidemias tan devastadoras que cambiaron el curso de la industria de los cítricos. Se denomina así porque el sus efectos se manifiestan en decaimiento (melancolía o tristeza) de naranjos, limoneros y mandarinas. Le sucede a aquellos árboles que fueron injertados sobre patrones rústicos; es como si la savia no fluyese bien produciendo colapso a la altura del empate.

Supe de esta enfermedad tras la visita a una plantación en una casa abandonada, motivo por el que no habían sido arrancados y quemados los árboles tal y como ordenó la normativa fitosanitaria para erradicar la plaga, prohibiendo además que se volviesen a repetir esos métodos de reproducción, obligando a los productores a comprar plantas nuevas certificadas y saneadas. Llamó mi atención tras ver todos los árboles faltos de vitalidad, con hojas macilentas, los frutos pequeños y escasos; observando con más detalle aprecie en su tronco una especie de engrosamiento a la altura de una cicatriz. Como no soy experta en cítricos, cuando volví a casa, busqué información y supe de este temible virus para todos los cultivadores de cítricos.

Por aquel entonces yo estaba haciendo un trabajo sobre la formación del profesorado y le puse el nombre de esa plaga a mi desarrollo: “El virus de la tristeza en la formación del profesorado”, pues coincidía en el momento de apogeo de la teleformación, de la formación on line, que no era otra cosa que meter revenidos temarios en archivos pdf ponerlos en una plataforma y traspasárselos así al profesorado. Nada de interactividad, nada de interactuación entre docentes y discentes: la clásica y tradicional clase magistral en entornos virtuales.

Los efectos de esas plagas debilitan totalmente a los árboles, pudiéndose manifestar en un breve período de tiempo, dos o tres semanas, hasta ocasionarle la muerte; o prolongarse por varios meses, mientras se van empodreciendo las raíces, dando hojas y frutos dañados o amarillentos que caen sin cesar. En las plantas nuevas produce enanismo o raquitismo de frutos. Como decía al inicio, dadas las pérdidas que ocasionaba, se hizo preciso el establecimiento de leyes muy duras. La legislación española prohíbe terminantemente: realizar injertos sobre patrones rústicos, nuevas plantaciones o reposiciones empleando sementeiras realizadas por los propios agricultores contaminados. La obligación de adquirir nuevas plantas en viveros reconocidos oficialmente que garanticen la certificación de estar libres de virus, fue la única manera de erradicar la plaga.

En estos días de tanto debate alrededor de las teletareas, volví a recordar el terrible virus de la tristeza.

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