Nuestra aportación a la educación infantil

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Tapiz de la primavera: puntillismo con los pies y dripping

In CativArte on 27/03/2015 at 08:43

Cómo reflejar en una pintura todos los colores del paisaje primaveral, los cambiantes azules del cielo, los cientos de verdes de los montes, los amarillos de los tojos y de la retama que como gotas salpican el verde; cómo pintar las etéreas flores rosáceas de los desnudos frutales que con un soplo de viento marchan volando como pequeñas cometas … Cómo lograr plasmar en un cuadro todo eso que con la distancia parecen pequeñas manchas de color que se superponen, se mezclan y se resaltan.

Nuestro alumnado intentó hacer una representación del paisaje que vemos a través de los ventanales, pero puede que por los materiales empleados –ceras, lápices de color y rotuladores-, el resultado no los dejó muy satisfechos, ya que quedaba con colores muy planos, muy estático y no lograron plasmar toda la paleta cromática que veían.

Así, al día siguiente, les hicimos una propuesta, intentaríamos repetirlo en un gran mural que luego expondríamos en los pasillos del centro al igual que hicimos con el verano y con el otoño 2014, así como con el invierno 2015. En cada uno de ellos habíamos empleado una técnica distinta, y en esta ocasión quisimos hacer una intervención a medio camino entre lo artístico y lo lúdico, de modo que les dijimos que lo pintaríamos con los pies y lanzando pintura, lo que los dejó absolutamente desconcertados y fascinados.

Cuando llegaron por la mañana le mostramos algunas obras de pintores ligados al movimiento del puntillismo (divisionismo), y en ese momento vieron que eso era lo que a ellos les gustaría plasmar: cientos de colores que acaban dando forma a elementos que se integran como un todo en la naturaleza. Pero, ya de inmediato, me dijeron que eso era muy difícil porque habría que hacerlo con la punta de los dedos puntito a puntito, y  como teníamos en mente el gran mural de 200×180, que acostumbramos a preparar en cada cambio de estación para colgar en el corredor, eso nos llevaría un montón de tiempo. En ese momento apunté que les había dicho que lo pintaríamos con los pies. Ante sus observaciones (mancharse, frío, no quedar forma de puntitos, etc.), añadí que no se descalzarían, lo que aún los dejó más desconcertados. Les mostré un rollo de plástico de burbujas y dije que con eso les haría unas calzas con las que pintarían. Nos organizamos por grupos, hicimos un esquema en el encerado, dividimos zonas en el mural (línea de tierra-línea de cielo), nos “calzamos”, cogimos botes de témpera en colores básicos (verde, azul, amarillo, blanco), extendimos un paño (trozo de tela de colcha blanca muy gruesa y con relieve), y comenzamos el chorreado de pintura para que la pisaran.

Comenzamos por el cielo, que realizamos en tres grupos variando las cantidades de azules y de blanco, y luego con dos grupos hicimos el monte con verdes y amarillos. Finalizamos con unos chorros témpera con purpurina para crear ese efecto brillante de la luz sobre las cosas. Estaban asombrados de cómo sus huellas creaban esas combinaciones de colores.

Una vez lo pusimos vertical quedaron impresionados con el efecto logrado, pensaron que ya podía quedar así, pero le recordamos que aún nos faltaban los árboles frutales con sus flores volando por el cielo. Ahí surgieron muchos apuntes, habían quien sugería pintar los árboles y poner las flores de papel o pintadas con un pincel fino. Respondimos que eso no lograría el efecto “volador” que querían. Durante el recreo añadí unas ramas de retama que pegué al tapiz con silicona, y a la vuelta creamos tres tonos diferentes que iban del blanco roto al rosa, como las flores de los cerezos, de los ciruelos o de los melocotoneros. Sobre ellas chorreamos la pintura (dripping) con brochas grandes.

Ahora quedamos absolutamente satisfechos, tanto por el resultado como por el proceso seguido, en este caso más guiado que en otras ocasiones, pero siempre sugiriendo e incorporando sus aportaciones.

Está claro que no es nuestro objetivo enseñar movimientos pictóricos (ni pervertir la idea de la que surgieron) ni la copia de obras emblemáticas, pero en este caso, consistió en echar mano de la experiencia para solucionar “nuestro problema”. Y sobre todo, fue una actividad creadora, divertida, diferente y enriquecedora.

Nuestro tapiz permanecerá colgado hasta la inminente llegada del verano y de que los cambios en el paisaje nos pidan otra interpretación. Ya se verá.

Ver fotografías do proceso

Tapís da primavera

Folclorización de las conmemoraciones escolares

In RebelArte on 28/01/2010 at 20:34

Asisto con estupefacción y no poca preocupación al triste espectáculo en el que se transformó el tratamiento de ciertas conmemoraciones en los centros educativos. Hace mucho, mucho tiempo, allá por la época de efervescencia de la LOGSE se postulaba la absoluta necesidad de introducir los temas transversales en el currículo; fueron tiempos duros, tanto para aquellos docentes que apostaban por el tratamiento de problemáticas de la sociedad; como para aquellos que veían la dificultad de tratar estos temas desde sus materias.

Fue una batalla no definitivamente ganada, pero al menos asumida por la comunidad educativa y que gracias al impulso de todas las administraciones educativas, bien a través de sus actividades de formación del profesorado, de la oferta de recursos, de la publicación de experiencias escolares, y sobre todo, gracias al establecimiento en el calendario escolar de conmemoraciones significativas relacionadas con la Paz, con el Medio Ambiente, etc.

Y es aquí donde nos encontramos con el problema, aquellas actividades innovadoras, propuestas y llevadas a cabo por profesorado comprometido con los problemas que preocupan a la sociedad, se convirtieron en muchos centros en una rutina anual, en muchos más de los que nos atreveríamos a reconocer; especialmente en los de educación infantil y primaria. Es más, casi podríamos asegurar que el tiempo/calendario escolar está marcado por estas celebraciones. Vamos de “romería en romería”. Supone un despliegue de actividad frenética, para el profesorado, para los equipos de actividades complementarias, para los de biblioteca, para los TIC…, y una vez concluidas las actividades de una celebración ya estamos diseñando las de la próxima. ¿Pero no se trataba de esto, verdad?

Esto caló de tal forma en los centros y en la sociedad, que casi todos los servicios de atención a la infancia, tanto en el ámbito no formal como en el informal se suman a la celebración de las conmemoraciones. Las editoriales incluso publican materiales ad hoc para estas ocasiones; compañías de teatro, empresas de animación sociocultural, cuentacuentos…, todos lo “celebramos”.

Suelen ser momentos en los que el centro tiene la ilusión, en algunos casos, el espejismo, de que se trabaja de forma coordinada; también suelen ser bien valoradas por las familias del alumnado, en muchos casos, son en los escasos momentos en los que se visualiza el trabajo de los docentes. También suelen ser muy emotivas para los progenitores, a casi todos los padres les conmueve ver a sus pequeños leyendo un manifiesto, recitando un poema, recaudando fondos para una comunidad desfavorecida, representando una escena que alude a aquellos valores más humanos y universales, plantando un árbol, liberando una paloma …. Constantemente, son fotografiadas, grabadas, recogidas y retransmitidas por los medios de comunicación; aparecen en las páginas web del centro, su celebración le añade valor al centro educativo. Pero, ¿después que?

¿En qué punto desvirtuamos o pervertimos la idea inicial?; ¿En qué momento se derivó hacia ese tratamiento efemerizante y en muchos casos, mercantilizado?, ¿Tan sólo buscamos el impacto visceral? No busquemos culpables, no los hay.

Mi tono puede parecer excesivamente crítico y falto de respeto hacia el trabajo serio y riguroso de muchos centros y profesionales de la educación que no caen en los tópicos que acabo de mencionar. Pero no, todo lo contrario, mi tono es muy optimista. Aun en el caso de que nos encontremos en ese punto de desviación del objetivo inicial, estamos en disposición de reflexionar sobre nuestra propia experiencia y sobre los resultados realmente educativos de este tipo de intervenciones. No soy quien para proponer alternativas; éstas tienen que surgir y están surgiendo de muchos claustros; la clave está en el trabajo del día a día y no en el “de un día” (aunque suponga la preparación de muchos días previos). Tan sólo se trata de analizar si nuestra cotidianidad y rutinas diarias son coherentes con los postulados de la celebración en cuestión. Ahí radica la clave del siguiente paso a dar en el tratamiento de los temas transversales o de la educación en valores de hoy en día, que dicho sea de paso, así era en el momento de su introducción en los currículos escolares.

Nota: El tratamiento de efemérides puede ser una actividad interesante y dar pie a proyectos que desarrollen los conceptos sobre los cuales se hace una llamada de atención a la sociedad en ese día concreto; pero recordemos nuestra función como educadores y no permitamos que se folclorice todo.