Nuestra aportación a la educación infantil

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Clásicos InnovArte: el Carnaval

In RebelArte on 07/02/2017 at 00:44
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“Máscaras”, Maruja Mallo

Para todas las personas que nos siguen desde hace siete años ya no es preciso recordarles cuál es la postura de InnovArte con respecto a ciertos tópicos escolares, pero también somos conscientes que hay mucha gente que se hizo seguidora del blog en los últimos años y no llegó a esta información, con tal motivo dejamos a vuestra disposición algunas de nuestras opiniones, en este caso, con motivo del Carnaval.

“La banda del trapo” (2010)

Disfraces de Carnaval” (2011)

Festivales, disfraces, excursiones y otros (2012)

Disfraces en serie en la escuela” (2013)

Cómo sobrevivir al Carnaval y no perecer en el intento” (2014)

Sin incurrir en la repetición, poco más podemos decir, ni nada diferente de lo ya dicho que nos reafirme un año más en esta postura.

Disfraces de Carnaval

In RebelArte on 22/02/2011 at 14:01

Máscaras de Maruja Mallo

Llegado por este momento no tenemos nada que añadir a lo publicado el pasado año por las misma fechas en el postLa banda del trapo“. Tan sólo, hacer unas aclaraciones que inciten a una reflexión de los equipos docentes sobre estas prácticas tan instauradas en las dinámicas escolares infantiles.

1º No tenemos nada en contra de que los niños y niñas se disfracen; es lo propio de estas fechas, y lo esperan con ilusión.

2º No somos partidarias de la elaboración de los disfraces por parte del profesorado, ya que las criaturas de estas edades no son capaces de hacerlo, a no ser unos pequeños adornos.

3º Para que las docentes se dediquen a hacer los disfraces, o los hagan individualmente con cada una de las criaturas sólo caben dos posibilidades: o dejan de atender al grupo, o le dedican horario no lectivo. Y ciertamente no sabemos del provecho pedagógico de esta actividad artesanal.

4º Que sean las familias quien los hagan siguiendo el patrón indicado en la escuela tampoco le encontramos mucho aprovechamiento para las criaturas.

5º Desde la escuela pueden/deben inculcarse hábitos relacionados con el consumo responsable. El despilfarro en bolsas, papeles, adornos sofisticados, etc, tenemos por seguro que no ayuda a conseguir ese objetivo.

6º El argumento de que esto se hace para evitar diferencias no nos parece muy consistente. Las diferencias están presentes todos los días y no por ello se solventan poniéndoles un uniforme, ya que aun así prevalecerían. El cometido de la escuela no es pintar todo del mismo color, sino enseñar a apreciar y valorar todos los colores.

7º Aferrarse a que “siempre si hizo y es muy bonito”, nos hace pensar en cantidad de prácticas -afortunadamente ya desaparecidas- que también eran muy bonitas y siempre se habían hecho así. La escuela debe estar cuestionándose continuamente la utilidad educativa de lo que hace, ya que la responsabilidad de la escuela es educar no sólo hacer “cosas bonitas”.

8º Para los que esgrimen que es una tradición. El disfrute en Carnaval es ser otro/a, de estar irreconocible para el resto, como se hizo tradicionalmente en Galicia y en casi todos los lugares del mundo. Unas ropas prestadas y una careta pueden ser suficiente para conseguir tal fin lúdico.

9º Hubo una época -ya superada- que la mayor parte del tiempo de la escuela infantil se dedicaba a la realización de manualidades, ya que se pensaba que los pequeños no tenían capacidad para pensar, para indagar, para aprender …; esta etapa era un pre-momento importante, a la espera de que estuviesen maduros para hacer algo de provecho cognitivo. Se ve que, pese a todo, aun quedan rescoldos de eso. Hoy en día, hay otros espacios, en los que deben permanecer los niños y niñas -por esto de la conciliación- que perfectamente se pueden dedicar a esas actividades más de entretenimiento.

10º De igual manera que nos parecería impensable que los docentes de Bachillerato -con lo que tienen que hacer-, se dedicaran a elaborar disfraces con el alumnado, lo mismo pensamos de los de infantil; nuestra tarea fundamental es la de que desarrollen los aspectos cognitivos, intelectuales, motóricos, afectivos y emocionales. Para eso somos profesionales de la educación, no otra cosa.

El Carnaval puede ser para las escuelas la ocasión de promover actividades ricas de sentido educativo, propiamente dicho, o de todo lo contrario. No podemos admitir que se dediquen más horas de debate a los disfraces del Carnaval -reuniones de nivel, ciclo y claustros- que a la mejora de la calidad educativa.

Nosotros decidimos qué tipo de escuela, qué estilo de docente queremos ser y qué modelo de ciudadano estamos formando.

La banda del trapo

In RebelArte on 01/02/2010 at 17:32

¡No puedo! ¡Definitivamente, no puedo! ¡Puede que esté mayor, que ya no tenga alientos, o ánimos, pero no puedo hacerlo! Llegó el tan “temido” momento del Carnaval. Esto supera con mucho a la Navidad, y no vayáis a pensar que fue fácil sobrevivir a Papá Noel, al Paje real, al Apalpador, a los Reyes Magos…, pero el Carnaval son palabras mayores.

El listón está muy alto, ya no sabemos qué inventar para demostrar año tras año nuestra creatividad y originalidad in crescendo; en breve tendremos que realizar unas estancias de estudio en Canarias o en Brasil para inspirarnos en sus famosas comparsas y conocer nuevos materiales y técnicas a emplear. Lo del Carnaval gallego ya está superado, hay peliqueiros, madamas y cigarróns en cualquier punto geográfico de Galicia. Bueno es que, como este año cuadra Jacobeo, siempre podemos recurrir al “pelegrín“; ahora que ya no se peregrina por motivos religiosos; lo digo por las distintas confesiones de los niños.

Incluso parece que el Carnaval es donde nos la jugamos. Lo mejor, conseguir que todo el centro se meta en una historia, y cada clase sea una parte o personaje de la misma: de feria medieval, de fondo del mar, de cuentos infantiles, de diversidad étnica (muy multicultural si no fuera por los tópicos); por el contrario, en estos casos siempre hay alguien si queja de que le tocó lo “menos vistoso”.

El gran día, algunos padres y madres hasta solicitan permiso para ausentarse de su trabajo y acudir al desfile, en algunas villas se corta el tráfico, todo son nervios, contratiempos -la lluvia siempre desluce y deteriora los trajes- e imprevistos de última hora. Las criaturas sudorosas y cansadas desde primeras horas de la mañana, saben que para lograr sacarse los disfraces tienen que esperar al paseíllo, a los reportajes gráficos y a que pase la pantagruélica sesión -a deshora- de degustación de productos típicos del Carnaval, que dicho sea de paso, a muy pocos les gustan.

Sé un secreto, cuando los niños son pequeños a muy pocos les gusta ir disfrazados de lo que les tocó en la escuela; siento decirlo, pero ahí las hadas, brujas, Batman, Spiderman, el Zorro, Bob Esponja, reinas, princesas y piratas nos ganaron la partida; ¡nuestra elección, seguro es más “educativa” pero que le vamos a hacer!

Hubo un hecho que marcó un hito en los disfraces escolares, la aparición de las bolsas de plástico de colores. Con una grapadora, cinta adhesiva, pegamento y pegatinas, las bolsas conseguían su máximo esplendor. Hay un antes y un después de las bolsas de colores. Poco a poco las empresas comerciales de material escolar vieron el filón y nos brindaron todo tipo de adornos que permiten dar rienda suelta a  nuestra  vena diseñadora y creativa. Por cierto, ahora encontramos bolsas todo el año, será porque también se hacen disfraces en los talleres de ocio de Navidad, en los del verano, en los de Semana Santa …

Tras el patronaje, cuando  hacíamos el prototipo o versión Beta de los disfraces casi nos llegábamos a emocionar, lo malo, hacer los veinticuatro restantes; pero bien, para eso siempre se dice que las de infantil somos el colectivo más activo, implicado y creativo, ¿no? Y si no, también cabe la posibilidad de pedir la colaboración de los padres y madres; los de estas edades se prestan a casi todo lo que les pidamos en el centro. Otra posibilidad es la de mostrarles el “prototipo” y que cada cual arregle el del su pequeño/a; he visto madres resollando entre el Todo a cien y el Bazar chino, pero no todas, algunas hasta esperan con ilusión estas fechas.

No nos engañemos nuestro alumnado no puede hacer todos esos atrezzos. Y como siempre, vuelvo a preguntar: ¿y todo esto, para qué? Ya conozco la respuesta de que es para evitar las diferencias evidentes entre ellos, de esta manera los uniformamos a todos y asunto resuelto. Y vuelvo a preguntar: ¿Estamos seguras de que estos disfraces realmente les gustan a los niños y niñas? También conozco la respuesta de que formando parte de un proyecto, la fiesta vendría a ser el colofón de la experiencia didáctica.

No vayáis a pensar que digo todo esto por no pasar el trabajo de hacer los disfraces; confieso que tuve desvelos y que me devané los sesos pensando en cómo darle el corte a un pantalón de torero para que quedara pegado al cuerpo, o cómo conseguir que los rabos de los ratones quedaran levantados y enrollados. Pero con la distancia precisa vuelvo a hacerme las mismas preguntas. También puede ser debido a que tengo una clase de veinticinco niños de tres años y sólo de pensarlo me corre un sudor frío por el espinazo.

No cuento nada nuevo si digo que a los niños y niñas les gusta disfrazarse, transformarse en otro o en otra con un simple paño, o con unas gafas, o con un sombrero, y si les dejamos maquillajes ya ni os cuento… por lo cual yo lo tengo claro, me desmarcaré y me afiliaré a la “banda del trapo”. Les facilitaré trozos de tela y adornos, collares, coronas, paños, cinturones y que cada cual se disfrace en estos días como quiera. Argumentos no me faltan:

1º El etnográfico: el Carnaval tradicional consistía en ponerse ropas viejas y ocultar el rostro pintándolo con un tizón y de esta manera recorrer las aldeas pidiendo limosnas.

2º El ecológico: por ser coherentes con los principios de la sostenibilidad y del consumo responsable.

3º El pedagógico: porque la creatividad se desarrolla, básicamente, con la práctica.

4º El lúdico: porque si es una fiesta para disfrute de los niños y de las niñas, tiene que hacerlos disfrutar, a ellos.

Y sobre todo, porque tengo muy presentes las palabras de Concepción Arenal, en 1881, con las que iniciaba este blog, pero que vuelvo a recoger aquí y que cada cual las entienda como quiera:

“Para que la maestra sea la que debe ser es necesario que deje de ser niñera, y además que no enseñe labores manuales, enseñanza que tal como hoy la da, de nada o de poco sirve, y que hace imposible la literaria.(…)”

Nota: Como siempre, exagero mucho en mis narraciones, pero que nadie se ofenda porque estaba hablando de mí misma. Recorrí el mismo camino que todos pero ahora quiero pararme, reflexionar y no dejarme arrastrar por inercia y rutinas analizando con mucho cuidado sus ventajas y desventajas.