2020, el año de la reinvención educativa

Si tuvisemos que hacer balance del año 2020, en pocas palabras lo denominaríamos “el año de la reinvención educativa”, sin entrar en detalles de si este nuevo avatar fue para bien o para mal.

Visto ahora con la distancia de este tiempo elástico, -que unas veces parece que nos hizo olvidar el pasado y otras da la impresión de que pasó volando-, podemos asegurar que fue el más extraño de todos cuantos vivimos en la escuela. Nunca habríamos podido imaginar lo que se nos vino encima. Nunca habíamos pensado que haríamos escuela en la distancia. Nunca creímos que podríamos estar con los niños sin contacto. Nunca sospechamos que la vida nos depararía una prueba tan dura.

Las que ya tenemos una edad y unos años en la profesión, sabemos que ningún curso es como otro, que las cosas cambian en un segundo, que siempre surge el inesperado. Pero jamás supusimos que esto sería como fue, como está siendo o como será. Hasta tenemos mala conciencia. Suelen decir que a veces los deseos se cumplen. Nosotras llevábamos mucho tiempo pidiendo que desapareciesen todas las tonterías que estaban invadiendo la escuela y suplantando la labor docente: celebraciones, efemérides, actos simbólicos por todo tipo de causas, todo un elenco de personajes que pretendían introducir sus contenidos en el currículo y meter “su tema”, decoraciones, exposiciones de no se saben bien qué, salidas escolares a las novedades más exóticas, etc. Pues a decir verdad, todo eso quedó parado. Pero también otros aspectos importantes.

Cuando en marzo, inesperadamente nos dijeron que se cerraban las escuelas, no aventurábamos que hasta el próximo curso no volveríamos a las aulas. Cuando nos pidieron que hiciésemos nuestro trabajo on line, no pensabamos que nos iría tan bien. Cuando en septiembre retornamos con todos los protocolos y prevenciones dijimos que eso no era posible en infantil. ¡Y lo superamos! Fuimos capaces de reinventarnos. Es más, esta situación fue un aguijonazo para salir de lo que ahora denominan “nuestra zona de confort”. También es cierto que, para algunas (más de las deseables), supuso caer en un pozo de pesimismo, de temores, de paranoias, de pretextos o incluso de enfermedad. Cientos de bajas y de jubilaciones hicieron quefuese necesario llamar a opositoras de las listas de contratación. Gente con más ilusión que preparación, aterrizaron en las aulas. Aquí fue decisivo el rol de los equipos directivos y de los de coordinación docente. Ellos también tuvieron que superar una prueba de fuego: fueron claves para que los colegios siguiesen abriendo cada día, para mantener el contacto con las familias y para que los niños y niñas no sufriesen más de lo debido con la pandemia.

Ahora empezaremos un año con la sensación de un comenzar de nuevo. Esperábamos que la situación fuese a mejor y rebajar las restricciones, aunque todo indica que será al contrario. Aun así, ya no tenemos tantos miedos. Y sobre todo, sabemos que tenemos capacidad de hacerle frente a lo inesperado y a lo inaudito. Pues quizás sea esa la lección que podemos extraer de entre todo lo negativo que vivimos. El reto de “volver a empezar”, de superarnos a nosotros mismos, de dar seguridad a quien tiene miedo, de buscar alternativas, de no perder las ganas de hacer escuela, de ser maestras por encima de todo.

Si el 2020 fue el año de la reinvención, que el 2021 sea el de la ilusión.

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