Creemos que aquellas personas que comenzamos a trabajar en Educación Preescolar entendemos a la perfección este titular, ya que fuimos conscientes del cambio de concepción que supuso que la LOGSE estableciera este tramo educativo como Educación Infantil. Algo que iba más allá de una nomenclatura, apostando por una etapa con entidad propia, y no con un carácter propedéutico a cara a la Educación Primaria. Hasta aquel entonces se entendía que la vida escolar de los pequeños de 4 a 6 años se centraría en el trabajo de prerrequisitos: pre-lógica, pre-escritura, pre-lectura. El currículo de la Educación Infantil puso el acento en otros aspectos más propios de sus edades y de sus intereses, sin caer en el mero entretenimiento ni en ese sentido preparatorio.
Lamentablemente, veinte años después, cada vez más, se nota una involución en este terreno.
Cada tránsito de etapa educativa tiene sus mecanismos de control, reales o ficticios, legales o inventados, parece que siempre hay unos jueces que valoran el trabajo realizado por los anteriores. En el caso de la Educación Infantil, los “mayordomos del algodón” son los de Educación Primaria. Comentarios ligeros hechos a comienzo de curso –“vienen muy mal preparados”, “parece que no estuvieron escolarizados”, “no sabe leer ni coger un lápiz”, “no saben estar sentados durante toda la clase”, “¿en qué pasaron el tiempo durante tres años?”- pueden echar por tierra la valoración de todo el trabajo realizado en infantil. Comentarios que se divulgan a bombo y platillo, familias incluidas, denostando al maestro anterior.
El curso pasado ya tratamos este tema en una entrada titulada “De infantil a primaria: un verano”, en el que apuntábamos las diferencias que perciben las criaturas tras el paso de dos meses de vacaciones: cambios en la organización del espacio, del tiempo y sobre todo, en la mirada que se tiene sobre ellos.
Los docentes de infantil, que siempre tuvimos una percepción acomplejada –sentida o inducida- de nuestra situación en la arquitectura del sistema educativo, la mayor parte de las veces somos sensibles a ese tipo de comentarios, y, en lugar de reaccionar defendiendo nuestra labor, lo que hacemos es avergonzarnos, tomar nota para la próxima promoción y “aplicar la lección”: hay que preparar mejor a los niños/as para primaria.
¡Error!!
Nosotras que cada tres años tenemos que cambiar el chip esforzándonos por volver a comenzar con pequeños de 2-3 años (casi bebés). Nosotras que modificamos la distribución de nuestras aulas para adecuarlas a las edades de los pequeños. Nosotras que cuando llegamos a un nivel óptimo con un grupo tenemos que bajar nuestras expectativas, ritmos y tiempos y subir nuestros niveles de paciencia. Nosotras que luchamos porque el período de adaptación fuese entendido como una necesidad. Nosotras, que deberíamos adoptar como lema “Volver a empezar”, ¿cómo es posible que no tengamos fuerza para defender la entidad propia de nuestro ciclo, de los aprendizajes que en él se desarrollan y del valor de nuestro desempeño en la vida de los críos?
¿Cómo es posible que a esta hora muchos de nosotras estemos preparando a los niños y niñas para la “reválida” de infantil?
Y aquí no vale lo de echarle la culpa a la administración, por que ésta, para bien o para mal, no se manifiesta en este terreno. La culpa es sólo nuestra, de nuestra autoestima profesional, que siempre parece salir mal parada tras la mirada reprobatoria de los que están un peldaño por encima; un escalón en la estructura del sistema que no les concede ninguna superioridad, pero que, si embargo, inexplicablemente, nosotras le atribuimos.
Para los que les gusta disponer de argumentos jurídicos, la norma es clara:
Artículo 10°.- Coordinación entre ciclos y con educación primaria.1. La Consejería de Educación y Ordenación Universitaria establecerá mecanismos que favorezcan la coordinación de las propuestas pedagógicas de los centros que impartan el segundo ciclo de educación infantil con aquellos que impartan el primer ciclo de la etapa, con el objetivo de garantizar la continuidad del proceso educativo del alumnado.“ Garantizar la continuidad”, creemos que no es preciso abundar más en lo recogido en la Orden del 25 de junio de 2009 por la que se regula la implantación, el desarrollo y la evaluación del segundo ciclo de la educación infantil en la Comunidad Autónoma de Galicia.
Es nuestro deber defender la labor que realizamos, de hacernos respetar, al igual que nosotros respetamos la labor que desarrollan los docentes de otra etapa. Pero eso sólo lo podemos defender cada uno de nosotras recordando que los grandes perjudicados de nuestros complejos y de sucumbir a las críticas serán los niños y niñas.




Se le aplica esta denominación a aquellas situaciones en las que hay entradas y salidas pasando de un sistema a otro, como por ejemplo a los políticos captados del sector privado que tras ejercer en el ámbito público, retornan a aquello en lo que estuvieron influyendo. También se usa con aquellos jóvenes que tras independizarse tienen que regresar al hogar familiar por problemas económicos. Últimamente también se emplea para referirse a lo que viven aquellos hijos/as de padres separados a los que de inmediato les van presentando las nuevas y sucesivas parejas de sus progenitores.
Hace unos días escuchamos por primera vez una nueva denominación de esta generación que ahora tenemos en las escuelas que nos pareció bastante certera, les llamaba niños/as teflón, a los que nada se les pega y todo les resbala.

Estamos desconcertadas, no entendemos nada. Claustros en los que el curso pasado se tomó la decisión de no hacer festivales o disfraces -con motivo del incremento de la carga horaria y de responsabilidades no docentes-, ya están a esta hora a toda máquina diseñando los desfiles del Carnaval 2013, a pesar de que las condiciones no mejoraron, sino, por el contrario, empeoraron significativamente.

Detesto profundamente ir a los parques infantiles, pero cuando no me queda más remedio, a veces observo cómo se relacionan los niños/as, cómo se comportan sus progenitores, o descubro cómo este es un lugar de encuentro y de charlas entre casi desconocidos. Uno de los temas más socorridos o recurrentes es la escuela y las maestras. Entonces no lo puedo evitar; no es que sea una fisgona, pero sí que presto atención.
Este momento del curso es de cara o cruz, de cierre o de inicio, de acogida de nuevas familias o de despedida de aquellas cuyos hijos/as finalizan ciclo.
Hay debates obstinados en negar la realidad y buscar culpables en todos los sitios menos donde están. Mentalicémonos, el papel de las familias y de la sociedad -tanto por ausencia como por presencia- es fundamental en la formación de hábitos de sus hijos y conciudadanos. Con esta afirmación no estamos restándole importancia a la función de la escuela, sino, y en el caso que nos ocupa, eximiéndola de la responsabilidad que todo el mundo le echa encima.
“La regla es simple. La serenidad y el placer de los niños está dentro de la serenidad y del placer de los adultos.”

¿Qué debe hacer un docente que sospecha que un alumno o una alumna está siendo irresponsablemente medicalizado con psicofármacos por un diagnóstico erróneo de un TDAH? ¿Un médico debería suministrar este tipo de fármacos sin recoger información del entorno escolar? ¿La familia debería comunicarlo en el centro al tutor del niño? ¿Desde la ética profesional podemos/debemos mantenernos al margen de eso?, en caso negativo, ¿con qué autoridad nos dirigimos a la familia arriesgándonos a molestarlos? ¿Cuánto de culpa tiene la escuela en la patologización y
Escena ficticia 1:
Hace días que vi en la red un artículo que recogía 
Aun no me recuperé del brutal impacto que recibí días atrás. Andaba buscando un vídeo para mostrarle a mi alumnado el proceso de elaboración de un títere, y gracias a una de esas nuevas y hábiles estrategias de publicidad, tuve que soportar un spot publicitario, ya que no había manera de eludirlo. Como por encima el proceso requería de una observación detallada, cada vez que quería repetir el visionado del vídeo, tenía que aguantar el anuncio.
En momentos como los que narramos en la entrada anterior, siempre volvemos sobre el discurso de
Charlas mantenidas con compañeras que en este momento atienden a grupos de 3 años, nos hacen extraer unos aspectos comunes en la situación que están detectando y que apuntamos a continuación:
Según leemos en los medios, hoy es el Día mundial de la Arquitectura. Entre otras muchas declaraciones institucionales reclaman la incorporación de la disciplina a las enseñanzas escolares. Pedir la inclusión de temas/disciplinas/asignaturas en el currículo educativo es una constante en las reivindicaciones de los más variopintos colectivos profesionales y asociaciones. El alumnado es un publico cautivo sobre el que puede volcarse todo tipo de conocimientos y de esta manera creer que se mejoran las problemáticas sociales.
Ayer, como despedida del verano, en un día preotoñal hicimos una salida con el alumnado a un pequeño bosque próximo a nuestro centro. La ocasión era única, ya habíamos pospuesto la visita en varias ocasiones por los cambios meteorológicos. Parece imposible, pero a menos de doscientos metros de la escuela hay un pinar, robles y frondosa hierba, ahora cubierta de agujas de los pinos. Limpia, libre de basura y de peligros potenciales para los pequeños -mérito de un operario del ayuntamiento que la mantiene como si de su jardín se tratase-. La cosa no podía pintar mejor: los rayos del sol filtrándose entre los árboles, las ardillas a lo suyo, la zona de campo cubierta de flores de diente de león, un aroma dulce de las uvas maduras colgadas del muro que separa la finca colindante, una plantación de kiwis a la vista, algunas moras aun en las zarzas, un montón de bellotas y piñas para recoger, y algunos árboles muy inclinados que permiten la escalada… Aun podría seguir describiendo un buen rato la hermosura del día y del momento. Llegada, total libertad de movimientos, hasta el aviso de que era la hora de la merienda de media mañana. Recomendamos que se sienten en el suelo para comer. Varios niños y niñas se niegan a hacerlo. El motivo: “¡porque me ensucio!”. Nos parece inaudito. No es posible. ¿Cuándo les preocupó a los niños y niñas de 5 años sentarse en el suelo? ¿Desde cuándo tienen esas paranoias adultas con mancharse las manos o la ropa? ¿Qué niño/a no volvió a casa sudando, con la ropa de pena y pese a todo con una sonrisa de oreja a oreja? ¿Fue una mala experiencia? ¿Creemos que debemos privar a los pequeños de esas ocasiones? ¿En qué convertimos la infancia?
Escucho una cuña publicitaria de una reconocida corporación de formación a distancia. Una voz de una entusiasta joven dice “Trabajo en una escuela infantil. Tengo en clase 20 niños y los siento como míos.” De inmediato música de fondo y pasan a la promoción de un ciclo superior de Técnico en educación infantil. Terminan diciendo ¡”Tu también puedes ser como María!”
Un simple paseo en estos días por los corredores de las escuelas infantiles nos hace ver en las puertas de las clases sacos y sacos de “basura” acumulada a lo largo del
A modo de conclusión reflexionamos sobre quién poder tener interés por descalificar el trabajo de los docentes. ¿O será que realmente somos unos perezosos y desconsiderados?
A lo largo de todos estos días que faltan hasta que lleguen las criaturas se sucederán las reuniones de nivel, de ciclo, de equipos de biblioteca, de convivencia, de dinamización lingüística, de actividades complementarias …, con el fin de que quede perfilado y programado todo lo que se va a hacer hasta el 30 de junio de 2012 y así favorecer la práctica de los valores cívicos, la lengua gallega, el amor por la lectura, la buena relación con las familias, el acercamiento a la cultura, la compensación de desigualdades derivadas de las situaciones socioeconómicas familiares. Trataremos de que sean ciudadanos con conciencia medioambiental, consumidores responsables, respetuosos con las diferencias de género, de raza o de cultura, que separen la basura, que no desperdicien el agua, que no tiren pilas a la papelera, que coman fruta y pescado, que se laven las manos, que cuiden los dientes, que no vean demasiado la televisión, que no empleen juegos violentos, que recuperen espacios naturales del contorno, etc, etc, etc …, poniendo en funcionamiento todos los programas que vomitan sobre la escuela desde distintos organismos.
Quedan pendientes para la vuelta de septiembre los comentarios sobre las intervenciones de Antoni Zabala, José Antonio Marina y de Francesco Tonucci en los II Encuentros Aprato.



Empiezo a estar un poco harta de oír hablar de la conciliación y de la socialización de conveniencia y de pacotilla. Porque veamos, qué es la conciliación de la vida familiar-laboral-social-comercial: darle la posibilidad a las familias de pasar más tiempo con sus hijos y hijas, o sacárselos de encima al precio que sea. Nunca me gustó esta falacia, pero cada vez menos. Ahora en los centros comerciales tienen un rincón para dejar aparcados los niños y así los padres y madres poder comprar; en los mercadillos de los sábados si haces una compra superior a X€ estacionas las criaturas gratuitamente en un garito con piscinas de pelotas; en estas fechas, ya ponen guarderías en las playas para que los padres puedan descansar tranquilamente en los chiringuitos mientras los niños están vigilados y “socializándose”; hay ayuntamientos que ofrecen un servicio de guardería para los viernes/sábados por la noche, y así otras muchas ocurrencias conciliadoras.



¿Qué conmemoramos en los centros de educación infantil el día 30 de enero? ¿El día de las Palomas? Con tanta representación de su símbolo, -más-menos artístico, más-menos artesano-, con tanta declaración, tanta lectura de poemas, murales -con la palabra paz en todos los idiomas del orbe- y hasta performances, creo que le estamos haciendo perder el sentido. Es otra romería más, de las muchas que hacemos; hasta hay quien, adelantándose al calendario, ya se disfraza.
Iustración de