Nuestra aportación a la educación infantil

Festivales, disfraces, excursiones y otros.

In RebelArte on 24/01/2012 at 09:03


Hace tres años comencé con un nuevo grupo de alumnado. En la reunión inicial que mantuve con las familias -para presentarme/presentarse, para conocernos/conocerse, para hacerles saber de mi manera de trabajar y de concebir la tarea a desarrollar a lo largo de los próximos cursos y para escuchar sus inquietudes/dudas/preguntas como grupo de padres y madres- les di mis argumentos y razones de, entre otras cuestiones:

1º De cómo entendía la educación infantil como un tiempo para que los niños/as se abriesen al mundo desarrollando sus potencialidades físicas, cognitivas y emocionales proponiéndole situaciones de aprendizaje ricas en las que de una forma lúdica hiciesen aquello que podrían hacer solos o con mi acompañamiento como estímulo.

2º Que en todo lo que hiciésemos subyacería la educación para el consumo responsable; adquisición, a mi entender, de máxima importancia, sacando provecho de todo aquello que no perjudique a la sostenibilidad del mundo en el que viven.

3º Que lo principal, para mí, era respetar los tiempos de la infancia, su diversidad cultural, sus intereses y sus capacidades, no evidenciando las diferencias que se dan entre ellos, o poniendo estas en valor.

4º Que la educación de los niños y niñas es una tarea conjunta de la escuela y de la familia, ámbitos entre los cuales debe haber un flujo constante de información y de colaboración, pero que cada cual tiene su parcela de responsabilidad y que en nada favorece a esa relación las intromisiones de unos en el terreno de los otros. Las familias deben educar como familia y la maestra como como tal. No puede haber suplantaciones de funciones en aras de lo mejor para la infancia.

5º Que todas esas situaciones eran por y para el disfrute de los niños y niñas, de las que haríamos partícipes a las familias a través del blog de aula. Recordando que lo que hacemos es por y para ellos, para su crecimiento; no para ser expuesto, mostrado, fotografiado o grabado.

Por lo tanto, las implicaciones de eso se plasmarían en el trabajo del día a día y:

a) Que llegado por el momento de celebraciones tradicionales como la Navidad, el Carnaval, el Samaín, el Magosto, los Maios y otras conmemoraciones fijadas en el calendario escolar, lo haríamos de manera que pudieran ir entendiendo estas fechas como un elemento que nos identifica como sociedad, como grupo; que nos diferencian al tiempo que nos unen con otras manifestaciones propias de las culturas populares.

b) Que participarían de estas celebraciones en la medida en la que sus capacidades se lo permitiese. Por lo tanto, pese a que disfrutaríamos del juego de transformarnos en otros mediante un trapo, una ropa vieja, una careta o un maquillaje, no participaríamos en “comparsas escolares” con disfraces historiados que a todas luces ellos no están en disposición de hacer. Apostillé que en nada beneficiaría los aprendizajes de los niños/as haciéndoselos yo; muy por el contrario, estaría dedicándole a estas tareas manuales un tiempo que le restaría a la atención del grupo, bien presencial o bien en la preparación de recursos y situaciones de aprendizaje que, además, si hiciesen hincapié en el consumo responsable y en el respeto medioambiental.

c) Que el juego dramático sería una constante y una necesidad dentro de nuestra praxis. Aclaré las vertientes y posibilidades de ese recurso educativo: marionetas, teatro, dramatización de situaciones reales o ficticias, juego simbólico …, pero que esto no implicaría “ensayos” para representaciones en “funciones” o festivales escolares, dado que el producto que se conseguiría no compensaría pedagógicamente los nervios, tensiones, repeticiones, etc, que lo acabarían convirtiendo en algo tedioso y aburrido para criaturas de tan corta edad.

d) Que abrirse al mundo, conocer espacios de cultura, ocio u otros, no pasaba necesariamente por realizar largos viajes en autobús, ni por el pago de costosas entradas, sino más bien de aprovechar las posibilidades presentes en el contorno más inmediato. Aprender a moverse por los alrededores, orientarse por sí mismos, disfrutar en un espacio verde al que podrían volver en otras ocasiones en la compañía de la familia o amistades. Saber de la existencia de las manifestaciones artísticas y culturales presentes en el su espacio vital, para mí tiene más valor que visitar una exposición de un reputado artista en un importante museo de una lejana localidad. Apreciar in situ los cambios que se producen en medio fruto del paso del tiempo o de la intervención humana, me parece insustituible. En consecuencia, esas serían nuestras salidas didácticas.

Tras esta charla y otras muchas a lo largo de estos años, no encontré más que la concordancia de las familias con lo que les acababa de exponer; coincidían conmigo en esa visión de la vida escolar de sus hijos e hijas. No recibí más que el apoyo constante de los padres, madres y otros familiares que por un motivo u otro contactan con la escuela. Día a día me manifiestan un gran respeto por la mi cometido para con los sus hijos/as.

Por lo tanto, y a tenor de mi/nuestra experiencia no soy capaz de entender el alboroto que se está transmitiendo a través de los medios y otros canales. No quiero creer que haya ningún padre/madre que quiera que el/la maestro/a de su hijo/a dedique el tiempo escolar a otras actividades. No creo que nadie me venga a pedir que deje de hacer lo que estoy haciendo para elaborarle los disfraces a los pequeños, para ir de excursión, o para hacer un festival escolar.

No quiero creer que ningún padre/madre valore tan poco mi función como docente como para pedirme que haga otras tareas más de “entretenimiento”, ni en mi horario presencial con los niños, ni en el de preparación de clases, ni, por supuesto, en mi tiempo personal.

Y si alguno, osara hacerlo, tendría que recordarle cuáles son mis funciones, tareas y responsabilidades en la vida de los sus hijos/as, para las que estudié, oposité, para las que me formo, evalúo,trato de mejorar día a día y por las que cobro. Pero ni me confundo, ni dejo que nadie se confunda con mi trabajo.

Antes de abrir un nuevo frente de conflicto, antes de posicionarnos a favor o en contra, deberíamos mantener un debate serio y riguroso sobre la utilidad pedogóxica y didáctica de muchas de las tradiciones escolares, que vaya más allá de la vistosidad y el folclorismo rancio.

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  1. No puedo estar más de acuerdo.

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