Niñas y niños a full time

En mi clase hay una niña que me hizo saltar todas las alarmas; al volver del recreo, si no le hago una sesión muy movida, se queda dormida; y esto ocurre muchas veces, no es una anécdota de un día. Como me resisto a creer que perdí la mano con los niños y que me hice una maestra aburrida y soporífera, traté de descubrir a que se debía ese déficit de horas de sueño en una niña de tres años. Discretamente, indagué si veía la televisión hasta muy tarde, cuáles eran sus hábitos cotidianos, si se desvelaba por la noche o si padecía alguna enfermedad.

Supe todo lo que hacía desde que se levanta hasta que se acuesta. Esto es. Se levanta a las 07:15 am, llega al colegio un cuarto de hora después, allí es acogida en el programa “Desayunos saludables”, y una vez toma los Chocokrispis con leche puede colorear o jugar con la plastilina con otros cincuenta niños. A las 09:00 se junta con el resto de los compañeros de clase y con su tutora, a lo largo de cinco horas tiene psicomotricidad, o inglés, o religión, o informática, y seguro que volverá a colorear o jugar con la plastilina en varias ocasiones. A las 14:00 es recogida por las monitoras del comedor escolar, ya se va con el kit de aseo y con la agenda en la mano; se asea, come un menú equilibrado, realiza el ritual de higiene bucodental, y una vez finalizada esta fase saludable puede ver una película en la sala de usos múltiples. A las 16:00 comienzan las actividades organizadas por el ANPA del centro, en las que participa todos los días hasta las 19:00, son muy variadas: teatro, danza, kárate, etc. Otros días participa en un programa del ayuntamiento de “Tardes lúdicas”, con actividades de predeporte o piscina. Luego la recogen sus padres, acaso aprovechan para hacer algún recado, o para ir a la biblioteca a escuchar un cuentacuentos y van para casa, juega un poco con su hermana pequeña, se ducha y se va para la cama donde su padre le lee un cuento. Y así cierra la jornada a las 21:00 h.pm con un cómputo de 14 horas “laborales”. Esto, el convenio colectivo no lo permitiría. Cuando menos, si las actividades fuesen promovidas por un único servicio, no podría permanecer más de ocho horas, tal y como sucedía en las guarderías

Podemos pensar que es una niña afortunada; sus padres tienen trabajo; asiste a un centro que cuenta con todo tipo de servicios; vive en un ayuntamiento que se ocupa de los más pequeños y trata de conciliar la vida familiar y laboral; hace cinco comidas al día; sus padres quieren que aproveche todas las posibilidades que ellos no tuvieron, sobre todo ahora, que como los pequeños “son como esponjas” no le cuesta trabajo aprender el que sea, piano, pintura … Millones de niños en el mundo no tienen todas estas prestaciones. Ella tiene de todo. ¿Le faltará algo?

Me quedé sorprendida. Y esto es el día a día de más de la mitad de los niños que acuden al centro en el que trabajo, son trescientos en total, con edades comprendidas entre los 3 y los 6 años. No sé porqué me vino a la cabeza la jerarquía de necesidades de Maslow, representada en su conocida pirámide, y además una característica de su teoría “sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de las personas, pero la necesidad satisfecha no genera ningún comportamiento.”

Hace años, cuando los niños no disfrutaban de tantas ventajas, de vez en cuando recibía algunos padres y madres que se lamentaban del poco tiempo que pasaban con sus hijos, yo siempre les contestaba, en tono tranquilizador, que importaba más la calidad que la cantidad de tiempo que le habían dedicado. Hoy en día, ya no soy tan benévola; puedo entender la situación de los padres pero no soy quien de mentir, porque técnicamente es imposible que el tiempo sea de calidad cuando es un “no tiempo”.

Bien sé que la vida actual es así, que los padres y madres están esclavizados por muchos condicionantes, bien sé que desearían que fuera de otra manera, bien sé que nosotros, como docentes, no podemos modificar las condiciones de vida de estas criaturas…, ¿o sí? Seguro que no podemos hacer que permanezcan menos horas tutelados por extraños, pero sí que podemos ayudar a que esas horas y el reparto de ese tiempo sea más equilibrado, más acorde con las necesidades de los niños.

¿Cómo? Suscitando un debate en el foro donde están representados todos los promotores de servicios de atención a la infancia: en el Consejo Escolar del centro. Allí participa el centro, el ANPA, los representantes de departamentos educativos de los ayuntamientos. ¿Con qué motivo? El primero de ellos, ver quién se encarga de proporcionar un tiempo de descanso y de ocio a las criaturas. A lo mejor no es necesaria tanta actividad, y ya que es inevitable que pasen tantas horas, al menos que haya espacios para el relax de los niños y niñas. No todos tienen que justificar su intervención presentando productos y resultados. El mejor resultado será el desarrollo armónico de las criaturas en un clima de sosiego, de escucha y de afecto. Serán primeros pasos.

Recordad que siempre estamos haciendo mención de experiencias en las que hay una coordinación de todos los servicios que atienden a la infancia, ayuntamientos del norte de Italia o Portugal, países nórdicos, lo que quiere decir que ya hay mucho camino andado, que no es preciso que cometamos errores iniciales, porque sabemos para dónde mirar. Será un buen paso.

Nota: Esta narración es ficticia, la niña no existe, el cole tampoco, esto no se corresponde con ningún hecho real, además me concedí muchas licencias literarias para hacerlo más entretenido, un poco delirante y conmovedor.

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