Nuestra aportación a la educación infantil

¿Hacia dónde va la educación pública?

In RebelArte on 18/04/2012 at 07:39

En estos días me encuentro en una encrucijada cada vez que publico las fotografías y reflexiones sobre lo visto en las escuelas de Italia.

Por un lado siento una punzada en mi estima profesional que me viene a decir que nuestro trabajo se puede hacer mejor, que hay maneras de hacerlo, pero que hay que echarle mucha energía para cambiar inercias totalmente instauradas en los centros que se basan en la tradición, en el “siempresehizoasí” o en lasas interpretaciones de la norma. Sé que no se precisan más que ganas y fuerzas para cambiar, así como un grupo de compañeras afines. Depende de nosotros y de las ganas que tengamos de complicarnos la vida.

Pero por otro lado, tengo la sensación de que se hicieron realidad a mis peores premoniciones en cuanto a la situación de la educación y lo malo es que a quien debería importarle -a los padres y madres- están tan atribulados por otras cuestiones de mayor peso, que se dejan ir y no se puede contar con ellos. De los políticos, a día de hoy, nada se puede esperar; los sindicatos perdieron la credibilidad defendiendo sus intereses y secundando los partidos a los que le son fieles; y al profesorado nos tienen tan machacados que, a estas alturas, sabiendo que no contamos con el apoyo social vamos a dejarnos ir para donde nos lleven; total, ¿qué podemos hacer?

Por ello, me pregunto si merece la pena enrolarse en proyectos que sólo nos van a reportar disgustos y trabajo, cuando nos están reduciendo drásticamente nuestro sueldo, nuestro prestigio y nuestros derechos.
Estoy desanimada, y no quiero estarlo.
¿Hasta cuándo durará esta situación?, ¿con qué escuela nos encontraremos después de esta Crisis?, ¿cuánto se mantendrá el compromiso ético de los docentes con su profesión. Me tiene inquieta.

Si de un tiempo a esta parte se notaba que se había abierto una “caza de brujas” contra los que nos dedicamos a la educación, lo que está aconteciendo en los últimos días, no es más que una precipitación del deterioro de la educación pública en España. ¿Quién tiene que defenderla y dónde están?

Llevan más de seis años fustigándonos con los resultados de las evaluaciones internacionales, que nunca supimos bien para que servían, pero al menos creíamos que ponían en evidencia las marcas de identidad de los que iban a la cabeza, pero ahora resulta que las medidas que se van adoptar en nuestro país le son totalmente antagónicas. Nos hablaron y nos explicaron la importancia del compromiso de las familias con la educación de los hijos/as y con el hecho educativo; del uso de metodologías en las que el alumno asume un rol activo, siendo artífice de su aprendizaje; de-ratios bajas; de atención educativa atendiendo a las diferencias y diversidad entre el alumnado; del liderazgo pedagógico de los equipos directivos; del elevado prestigio de la profesión docente, así como de la necesidad de la formación continua y actualización del profesorado.

Y ahora, ¿qué se está haciendo? Justo lo contrario.

-Más horas, incluso pasando a un terreno asistencial. Haremos de cuidadores, recogeremos niños en el autobús, daremos pasantías e iremos de colonias de verano.

-En los países que obtienen puntuaciones más altas en PISA, se da el caso de que los docentes son los mejores de sus promociones, personas rigurosamente formadas para el desempeño profesional y con unos elevados salarios. Aquí, al paso que vamos nadie querrá ser maestro; incluso se eliminarán aquellas ventajas que compensaban un sueldo no excesivamente alto. Y de la formación (inicial y permanente) ya mejor no hablar.

-Se incrementan las ratios a números imposibles de manejar (obsérvese que ya hablo de números no de niños/as). Impondremos un régimen autoritario, estilo cuartel o penitenciaría, y nos olvidaremos de metodologías participativas que conduzcan  a los chicos a aprender a aprender.

-Los equipos directivos pasarán a ser controladores, censores o supervisores, y los compañeros harán de espías y chivatos de los que estén de baja, ya que tendrán que sustituirnos en sus ausencias.

-Los centros públicos de las periferias de las ciudades serán guetos, a los que sólo acudirán los hijos de quien no puede pagar otra educación. Quien pueda evitará estos almacenes de niños de los que huirá el profesorado experto y donde no habrá personal suficiente para paliar las diferencias que se aprecian fruto de esa situación social desfavorecida.

-El profesorado, paulatinamente irá menguando su prestación de servicio, su implicación y su compromiso de forma proporcional a los recortes que sufre, porque considerará una burla seguir haciendo lo mismo por menos. Nadie lo hace, así que no los culpabilicen. Se hará en la misma medida que nos paguen, nos respeten y nos estimen. Ni más ni menos. Y no nos engañemos. Esto ya se está notando. Es algo silente pero presente y palpable en los claustros.

Siempre me sentí orgullosa de ser maestra y del papel que hacía, pero a día de hoy y no tengo la seguridad de que dentro de unos años tenga la misma percepción positiva de mi cometido en la sociedad.

Nunca acepté las actitudes derrotistas ni los victimismos, pero creo que tengo que darme una sobredosis de “Historia de la educación” o de algún genérico similar, para comprender que hubo quien salió adelante, quien trabajó en peores escenarios, quien luchó por la enseñanza pública en momentos y situaciones mucho más complejas porque creía que era un derecho de toda la sociedad, aun cuando ni siquiera esa sociedad lo secundaba.

No sé si aun así será efectivo. No es fácil sobreponerse y mantener el compromiso con quien nos desprecia, desprestigia y desacredita. A día de hoy, quien está manteniendo la calidad de la enseñanza son sus trabajadores, pero no confíen en que esto sea siempre así; non vaya a ser que nos adaptemos a los agravios y aceptemos lo que todos parecen consentir. La educación es responsabilidad de la sociedad -no sólo de los docentes-, y es a ella a quien le corresponde defenderla.

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  1. Acabo de conocer esta entrada a través del blog de Vane,
    http://anacosdocole.blogspot.com.es/2012/04/hacia-donde-va-la-educacion-publica.html
    creo que no hay mejor forma de expresar el sentir de todos los que nos dedicamos a la enseñanza. Con tu permiso voy a poner un enlace en mi blog hacia esta entrada porque como dice Vane, HOY TOCA DEFENDER LO NUESTRO
    Un saludo

  2. Pero siempre nos queda el compromiso con nosotros mismos y con los niños. Me entristece, y te comprendo, leerte así. Sigue contándonos todo este tuétano de la educación infantil que siempre debe permanecer, no debemos olvidar y alguien tiene que recordarlo con su experiencia.
    Me encantaría que lo contases en nuestro Centro de profesores.
    Hablaremos 🙂

    Un abrazo y ánimos, que se contagian.

    • Ana, es que no sé hacia dónde vamos. Me parece increíble que con el conocimiento del que disponemos sobre cuales son las prácticas eficaces en educación, grupos poco numerosos,atención individualizada, experiencias ricas que promuevan el aprendizaje significativo y la adquisición de competencias, no me puedo creer que vayamos justo en el sentido contrario. Parece un despropósito. ¿Para qué se redactan declaraciones como “Objetivos educativos europeos 2020”; ¿qué se saca de evaluaciones internacionales?; ¿qué se concluye después de informes como el TALIS?
      Sé y tengo gran conocimiento sobre la cantidad de docentes que no cubre la totalidad de su horario, sé de centros que están con un superhábit de profesorado, que resulta vergonzoso ver la ratio profesor/alumno y que no obtengan mejores resultados; pero eso requiere de otro tipo de medidas específicas y una respuesta concreta a cada uno de los casos; y sobre todo indagar por qué eso es así… También sé que en Galicia, el incremento ratios solo va afectar en los centros urbanos y de áreas metropolitanas, que la inmensa mayoría de los centros seguirán con las mismas ratios que las que tienen actualmente porque no hay más población. Por eso mismo, siendo como es una medida irrelevante -en cuanto a ahorro de costes- no puedo entender que se haga.
      No dudes que seguiremos en nuestra línea hasta que nos aburramos a nosotras mismas, pero hay días…, que desde luego no son los mejores.
      Un abrazo, gracias por tu mensaje de aprecio y respeto profesional por nuestro trabajo.
      Hablaremos de lo que quieras, cuando quieras.

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