Nuestra aportación a la educación infantil

Nacidos para comprar

In ActualizArte, FamiliarizArte, RebelArte on 03/10/2010 at 20:14

Cualquiera que visite una gran área comercial en un fin de semana quedará pasmado del poder adquisitivo de los más pequeños  y de su capacidad de decisión en cuanto a las compras. Lo más alarmante es que cada vez los consumidores son más jóvenes, van de la mano de sus progenitores o empujados por éstos en carritos. Compran, porque de esos productos, piensan, depende su supervivencia social. En la actualidad los profesionales del marketing emplean recursos publicitarios tan sofisticados que influyen en el modo en el que los más jóvenes se ven, se sienten y se relacionan. El poder de compra de los niños y niñas aumentó de forma espectacular, convirtiéndose en compradores desde la más tierna infancia. Se estima que entre los 6 y los 12 años visitan tiendas 2 o 3 veces por semana e introducen 6 artículos en el carro cada vez que van. Otro factor que influye es la falta de tiempo de los padres; las investigaciones muestran que los padres que pasan menos tiempo con sus hijos, gastan más dinero con ellos -llamado,  “dinero culpable”.

Recientemente, leímos el libro “Nacidos para comprar. Los nuevos consumidores infantiles” de Juliet B. Schor, publicado en Paidós y al que puede accederse a través de la red. Esta experta en temas de consumo, economía y familia, centra su investigación en la sociedad estadounidense -la más consumista del mundo, absolutamente inmersa en el “ciclo del trabajo y del gasto” – y constata que los niños/las y los adolescentes están convirtiéndose en el epicentro de la cultura del gasto en Norteamérica. Desde hace dos décadas, las familias están sometidas a presión en relación con sus hijos, ya que deben hacerle frente a un abanico de exigencias que van desde las actividades extraescolares, hasta una educación de calidad, pasando por la compra de productos de moda y de marca. En palabras de la autora “los niños se convirtieron en vehículos que trasladan el mercado al hogar, el eslabón entre los anunciantes y el bolsillo de las familias. Los más jóvenes son depositarios del saber y de la conciencia consumista. Son los primeros en adoptar muchas de las nuevas tecnologías de las que son ávidos usuarios. Los modos sociales de los niños se construyen cada vez más en torno al consumo. (…) En un mundo semejante, ¿cuántos padres optan por renunciar al consumo o por simplificar la vida? Se trata de un paso radical que muchos niños no aceptan de buen grado.”

A lo largo de 300 páginas, la autora va analizando los hábitos consumistas de los que pueden ser nuestros alumnos y alumnas; motivo por el que consideramos altamente recomendable su lectura. Bien sabemos que desde la escuela no podemos ir “contracorriente”, ni luchar contra eso -y más, no conseguiríamos nada-, pero sí es nuestra obligación, nuestra responsabilidad, nuestro deber profesional, la labor, enseñarles a pensar, a razonar, a comparar, a valorar, a buscar alternativas …, habilidades todas ellas necesarias para que sepan  decidir desde el conocimiento. Ya veremos cómo asumir este reto, o cuando menos procuraremos evitar el fomento del consumo, que desde las escuelas, se hace, y muchas veces.

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