Comienzo de curso I: alboroto de fondo

1 de septiembre

8:30

Abro distintos periódicos sobre los que hago lectura «escaneada»; me detengo en los titulares que hacen referencia a la educación. Encuentro muchas noticias y artículos de opinión relacionados con el inicio del curso académico, mismo podría clasificarlos en dos categorías: los referidos al buen hacer y certera gestión de la administración educativa, y los que implícita o explícitamente critican al profesorado por sus desmedidas reivindicaciones en cuanto a la carga horaria y laboral.

9:00

Llegada al centro, saludos, reencuentro con las compañeras, puesta al día sobre lo acontecido en las vacaciones, bienvenida a cinco nuevas docentes que se incorporan y avance de las ideas de cada cual. Hay quien comenta que durante las vacaciones vio materiales de los que sería interesante disponer, hay quien ya sabe como va reestructurar su aula para que esos 50 metros cuadrados se conviertan en espacio suficiente para el aprendizaje y juego de los 25 niños; hay quien asistió a cursos de formación para conocer nuevas posibilidades de trabajo; hay quien puso a miembros de su familia o amistades a elaborar mobiliario low cost para el centro; hay quien trae libros y juguetes que sus hijos o sobrinos ya no emplean. Todas tenemos nuevas ideas e ilusiones para el curso que empezamos.

Comienzo de la primera reunión del curso. Se nota que el equipo directivo reflexionó mucho -incluso durante las vacaciones- para presentar el día 1 una propuesta de organización de grupos, de horarios, de recursos, etc. A lo largo de casi cuatro horas nos dedicamos a planificar hasta el detalle más insignificante para el inicio, adelantándonos a los problemas, teniendo en cuenta la acogida de 125 nuevos alumnos/as de 3 años y la de 200 de 4 y 5.

14:15

A la salida del centro nos encontramos con familias que vienen a recoger a sus hijos/as del programa «Septiembre lúdico» -la mayor parte de ellos permanecieron ininterrumpidamente participando en el «Ludiverano». Los niños/as, y especialmente sus progenitores nos manifiestan lo mucho que nos echaron en falta, lo «hartos que están de aguantarlos dado lo insoportables que se pusieron»; todos reconocen que no saben como podemos sobrevivir a 25 niños cuando ellos con uno sólo en casa están al borde de una crisis de nervios.

¿Cómo se concilian estas dos posturas? ¿Cuál es la opinión de la sociedad sobre el trabajo que desarrollamos? ¿Ciertamente piensan que somos unas vagas? ¿Por qué nos pintan así en los medios de comunicación?

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