Nuestra aportación a la educación infantil

Go home!

In RebelArte on 16/12/2011 at 10:17

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En la puerta de los colegios además de un cartel de “Espacio libre de humo”, debería haber otro de “Espacio libre de consumo”, porque no tenemos la seguridad de que la incitación al consumo no sea uno de esos elementos que forman parte del currículo oculto de los centros educativos.
Para nosotros el ejemplo más palpable se da en estas fechas. De un tiempo a esta parte creemos que, debido a varios motivos, la Navidad más que ser un momento en el que se destacan los valores tradicionales como el encuentro, el reencuentro o el compartir con los más acercados se convirtió en una invitación al consumo máximo.
No vamos a hablar en esta ocasión de los adornos y fastos de los centros que van desde la estética más kitsch  u horripilante pasando por lo hortera sin más. Tampoco hablaremos de las “manualidades” que se hacen con las criaturas para las las cuales se emplean materiales suntuosos y caros.
No, en esta ocasión hablaremos de la troupe que entra en los centros. Por esto de que todo el mundo quiere colaborar (ANPAs, ayuntamientos, servicios de dinamización lingüística, equipos de actividades complementarias …), por esto de que nadie quiere repetir lo que hacen los otros (la máxima de sé original hasta morir), por esto de que los disfraces se abarataron mucho, los centros se llenaron de Papá Noeles, de duendes, de San Nicolases, de ayudantes de Santa, de renos tiradores de trineos, de pajes reales, de Reyes, de Apalpadores, de Espíritus de la Navidad y de otros muchos.
Caracterizarse es relativamente fácil, el problema es meterse en el papel, entonces, no sabiendo qué decir usan la frase más recurrente: “¿Ya me escribiste la carta? ¿Qué me pides?” Y aquí viene lo paradójico; si bien se les dice a los chicos que tal y como está el panorama solo pueden pedir una cosa, por otra lado, ya no se sabe cuántas epístolas escriben para no disgustar a estos señores que se toman la molestia de venir a verlos. Y venga a escribir, y venga a pedir; pero no importa, de los catálogos de juguetes pueden sacarse ideas para pedirle todos …
Por ello, en aras de una coherencia entre los discursos pedagógicos y la práctica, pedimos que se le vete la entrada al centro a toda esta fauna navideña.
Acto seguido trataremos de convencer hasta a los más reticentes:

1º A aquellos que dicen que les hace taaaanta ilusión a los niños/las. A día de hoy no nos atreveríamos a asegurarlo, ya que tienen a esas figuras tan entrañables hasta en la sopa; en la calle, en los centros comerciales, en los polideportivos, en las bibliotecas, en las actividades extraescolares, en los talleres, en predeporte, etc, etc, de tal modo que incluso les provoca confusión; cómo es posible que estas personas tan atareadas con fechas fijas de actuación en el calendario puedan andar vagando por ahí vendiendo móviles, viajes exóticos o jamones de pata negra. No es fácil explicárselo porque percatarse, se percatan.
2º A los creyentes religiosos. Coincidirán con nosotras en que este mercantilismo no favorece nada las creencias religiosas y las tradiciones de la Navidad.
3º A los no creyentes. Que estarán hartos de que bombardeen a sus hijos/as con elementos de carácter religioso, ideológico o trastocados por la publicidad (Papá Noel y Cocacola).
4º A los tradicionalistas. Porque los que gustan de la tradición (de la que sea) saben que estos personajes se rodean del misterio que hechiza la ingenuidad infantil; son leyendas y coinciden todas ellas en que nunca precisaron ir a las escuelas a buscar las cartas peticionarias de los niños ya que les leen el pensamiento, y en que entran a escondidas en las casas amparados por la nocturnidad, por eso nadie los puede ver. En consecuencia, que anden por ahí con luz solar, en establecimientos y en actitudes poco acordes con el papel que representan, poco o nada favorece la tradición.
Por ello, no nos queda otro remedio que decirles a todos estos “aficionados”: “Go home! ¡Váyanse para sus casas!” Si son ustedes los verdaderos, esperen a que les llegue su día, y si son unos espontáneos, cuelguen el disfraz y esperen hasta el Carnaval, que a las criaturas no se les engaña tan vilmente ni si les compra con unas bagatelas.
Si concordáis con estos argumentos, poned en la puerta del centro “Espacio libre de fauna navideña”. Y recordarle a los Consejos Escolares que tomen cartas en el asunto, porque para eso están, para velar por la educación de los hijos/as, alumnos/as, ciudadanos, vecinos, etc., que representen el papel que se espera de ellos, que no se conformen con ser titiriteiros navideños de poca monta.

Nota: Sabemos que hay quien piensa que queremos acabar con todo lo “bonito y divertido” de la escuela infantil. Es cierto, queremos acabar con las comparsas escolares de Carnaval, con las tiernas palomitas de la paz, con las áridas Letras Gallegas, y ahora con la fauna navideña. Queremos acabar con todo aquello que convierte la escuela en otra cosa, queremos acabar con aquello que ni siquiera es educativo, y queremos acabar con tradiciones escolares sin bases pedagógicas que las sustenten.

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