Nuestra aportación a la educación infantil

El apoyo de los apoyos

In RebelArte on 01/10/2013 at 08:16

Nos escribe una amiga de Innovarte para pedir nuestra opinión en cuanto a la organización de los apoyos en infantil; tema controvertido, nunca resuelto al gusto de todo el mundo.

Nosotras no tenemos la solución perfecta porque creemos que no existe. La mejor es aquella que sabe dar respuesta a las necesidades del centro y del alumnado, por ello, no puede ser igual en todas partes.

Inicialmente, tenemos que partir de tres premisas que a nuestro entender condicionarán todo lo que digamos a continuación:

1ª Por mucho que tratemos de engañarnos, aquí, por nuestra cultura profesional, no somos capaces de trabajar en “pareja educativa” al igual que se hace en otros sitios, sin establecer una relación jerárquica entre la tutora y la maestra de apoyo. De modo que, la introducción de dos personas en el aula hace que se desaprovechen recursos humanos, siendo una de ellas mera ejecutora (pasiva/tolerante/crítica) de las directrices de la otra, o dedicada al control disciplinar del grupo. Hay honrosas excepciones en las que las sinergias creadas entre ellas pueden ser maravillosas, ahora bien, no es así en la mayor parte de los casos. Tampoco estamos hablando de los especialistas de Pedagogía Terapéutica

2ª La acomodación de los horarios de la docente y la fragmentación en parcelas del currículo (psicomotricidad, música, TIC, oralidad, grafomotricidad, expresión plástica y otras variadas fórmulas) no hace otra cosa que asignaturizar la educación infantil en compartimentos estanco escasamente relacionados entre sí.

3ª El enfoque globalizado en educación infantil va más allá de que si la tutora está trabajando sobre la salud, el apoyo que imparte música tenga que cantar canciones de médicos. Es una exageración, pero es lo más comúnmente aceptado. La globalización más que a cuestiones conceptuales, alude a planteamientos metodológicos y didácticos en los que se entienda que, afortunadamente, todas las áreas curriculares están relacionadas entre sí, desde todas se tienen que trabajar todas las competencias, y el modo en el que lo hagan todas las personas que intervienen con las criaturas, debe partir de la misma concepción, confluyendo todas. No puede haber saltos a lo largo de la jornada. He ahí el difícil del asunto de la coordinación, acentuado porque esas plazas casi siempre son cubiertas con profesorado provisional.

Dicho esto, todas sabemos que es un desafío conciliar los horarios del profesorado, la elevada ratio de las aulas, la disponibilidad de espacios y las distintas creencias educativas de las docentes con la la necesidad de personal de apoyo.

Puede que la clave esté ahí: el profesorado de apoyo podría ser destinado a tutorías si los centros fuesen más grandes, logrando así una reducción de ratio a 18-20 alumnnos/as. Esto, de cara a la administración no incrementaría en demasía los gastos, y con nuestros condicionantes sería lo más provechoso para los niños.

Ahora volviendo a la realidad y ajustándonos a lo que tenemos, ¿cuál debe ser la función de los apoyos? Apoyar no convirtiéndose en pseudoespecialistas. Sencillo. Pero, ¿a quién hay que apoyar y cómo?

Dependerá de cada centro y de sus necesidades. Ahora bien y sin duda, independientemente de que cualquiera puede decir que no es lo que indica la norma:

1º Durante el primer trimestre en las aulas de 3 años. Más allá del período de adaptación, porque, como todas sabemos, ese tramo es algo casi irreal: los niños están poco tiempo, los padres los traen y los esperan, retornando en seguida a sus brazos. El verdadero problema viene al final del período de adaptación cuando la tutora se encuentra sola en el aula con 25 (26, 27) criaturas desconsoladas y conscientes de que ir a la escuela supone estar allí muchas horas. No queremos olvidarnos de que durante el período de adaptación el equipo directivo y el departamento de orientación tiene que apoyar unas horas en cada una de las aulas de 3, ya que es la mejor manera de detectar problemas no manifiestos, conociéndolos in situ con el fin de determinar las medidas a adoptar en cada caso (organizativas y de apoyo educativo).

2º A lo anterior hay que añadir que en el caso de producirse situaciones excepcionales como pueden ser la entrada de varios nuevos alumnos en una unidad, en cualquier momento del curso, habrá que dedicarle un apoyo especial la esa “adaptación” que rompe el ritmo del grupo.

3º Más que asumiendo “parcelas”, sería mejor haciendo desdobles de grupos (de ser posible, en otro espacio), permitiendo así una mejor atención tanto a los que quedan con la tutora como a los que se van con el apoyo. Ahora bien, lo qué hacer en ese tiempo tiene que ser consensuado por las dos. Espacio siempre hay, tan sólo hay que saber verlo y adaptarse a que no todo tiene que realizarse en un aula. Esta es piedra de toque: todo el mundo quiere un aula; sin ella se siente un desposeído/a.

4º Aprovechando el potencial de cada profesional en beneficio de los niños/as y del centro. Nos explicamos: por mucho que el Claustro haya decidido que un apoyo se dedicará a la educación musical, si esa persona no tiene cualidades para tal cometido, será una pérdida de tiempo. Si una especialista de Inglés tiene que asumir horas de apoyo, lo lógico es que lo haga en inglés, beneficiando de este modo a los niños. Ahora bien, si entramos en disquisiciones legales, perderemos tiempo, provecho y esfuerzo.

Habrá quien diga que esto no es posible, que así no se pueden cuadrar horarios. Habrá que estudiar cómo hacerlo, sabiendo que nada es permanente, que cada año, cada trimestre y cada día los condicionantes cambian. Lo que no es posible -ni por su dignidad profesional ni por las necesidades que hay en los centros- que haya apoyos sentados al lado de un niño, o que pasen sus días haciendo carteles, colaborando en los festivales, en las excursiones o en las exposiciones. Que nadie se sienta ofendido, pero todas sabemos de lo que hablamos.

Ahora bien, sin descartar su papel en los centros, personalmente insistimos en la propuesta de  cara a la administración de la utilización del profesorado de apoyo como tutores, pues creemos que, por la debida atención a la individualidad y a la diversidad, sería lo más ventajoso para la totalidad de los niños/as en la totalidad de las horas que permanecen en los centros. No podemos entender que se reduzcan unidades amontonando criaturas en un aula y que luego envíen una maestra de apoyo. ¡Seamos sensatos!

Ya que Innovarte es un espacio de intercambio, nos gustaría conocer vuestra opinión y experiencias interesantes del “apoyo de los apoyos”.

Imagen, escultura de Henry Moore.

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