Nuestra aportación a la educación infantil

Pausadamente

In RebelArte on 07/09/2010 at 00:01

Calmadamente, con calma, despacio, con tranquilidad, sosegadamente…, son hermosas expresiones que marcarán la forma en la que queremos comenzar y que vivir el presente curso académico; no asociadas a la pereza, pero si a un ritmo que pretendemos imponer en nuestras aulas, contrario a lo que la sociedad actual nos dicta. La prisa que nos envuelve, creemos, no conduce a nada bueno, ni para nosotras ni para las criaturas.

En otras entrada de este blog, como “Elogio de la educación lenta” o “Velocidad X Tiempo =?”, ya apuntábamos sobre esa necesidad de romper con la prisa estructural que irrumpió en las aulas. Queremos disfrutar del hecho de aprender, de estar, de compartir, de vivir en/la escuela, deleitándonos y gustando de descubrir lo que sabemos, siendo conscientes de lo que hacemos.

La prisa y angustia de las familias por que aprendan a leer y a escribir; la prisa impuesta por la cantidad de contenidos que se introdujeron en la escuela -todos “importantísimos” -; la prisa de los propios centros por hacer actividades de todo tipo que surgen de los distintos equipos de dinamización; la prisa a la que van los niños desde que entran en el centro por la mañana, pasando de las manos de unos a otros profesionales que tienen que justificar de alguna manera su intervención presentando obras o productos… Y toda esta prisa ¿para qué?, ¿a dónde nos lleva?… Escuchamos: “¡estoy estresada!, “¡están alterados!, “¡no hay quien los aguante!”. Pero, ¿analizamos en alguna ocasión nuestra responsabilidad con respecto a esa manera de estar y de vivir el hecho educativo? Parece que en septiembre montamos en una noria de la que no bajamos hasta junio, mareadas después de tantas vueltas, y sin saber exactamente lo que allí pasó.

Si estos primeros días hacemos una ronda por los centros, encontraremos reunidos un sinfín de equipos -de ciclo, de nivel, de actividades, de dinamización, de convivencia, de TIC, de biblioteca – planificando propuestas para todo el curso. Todas bien intencionadas, todas válidas, todas interesantes …, todas, casi todas, independientes y deslavazadas. Demasiadas. Si las sumamos todas, las distintas programaciones de las tutorías, las de las especialidades, las propuestas por otros organismos e instituciones del entorno, no necesitaremos nada más; tendremos suficientes para todo el ciclo.

Como siempre, nos preguntamos: siendo como somos profesionales comprometidas con la mejora de la calidad de la EI, ¿en qué punto del camino nos confundimos?, ¿dónde quedó la metodología globalizadora y la promoción de aprendizajes significativos?, ¿dónde olvidamos respetar los ritmos individuales de cada niño y niña? Será que en nuestro empeño por dignificar la EI y en el querer demostrar que los niños de infantil son seres inteligentes, fuimos introduciendo tantos elementos, tantos contenidos, tantas materias, tantas conmemoraciones que ya perdimos el control.

¿Para qué? ¿Era esto lo que queríamos? ¿Y lo que queremos? ¿Estaremos faltándole al respeto a nuestros niños y niñas?

Tuvimos la suerte de vivir nuestros primeros años docentes en escuelas unitarias del rural, aulas mixtas en muchos casos, y siempre recordamos aquello como algo idílico. La llegada por la mañana acompañados de padres o abuelos con los que hacía tiempo de hacer un pequeño comentario, aquel discurrir sin prisas, aquel tiempo para compartir …, similar al que apreciamos en nuestras visitas a las escuelas reggianas. No queremos atribuírselo a aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor; somos conscientes de las ventajas e inconvenientes, pero también de que aquellos niños salían de la escuela tanto o más “equipados” que los actuales.

Sí en alguna ocasión somos capaces de mirar atrás y recordar nuestra infancia, tendremos una sensación de ingravidez, como si los tiempos y los días duraran más, tardes placenteras, días y vacaciones eternas, sin prisa. En el futuro, no creemos que nuestro alumnado tenga la misma percepción de su infancia.

Dicen los expertos en psicosociología que la vuelta de vacaciones es momento de hacer buenos propósitos, de intento de cambio de estilo de vida, de inicio de hábitos más saludables; pues nuestro propósito para este nuevo curso, será el de respetar el tiempo de la infancia. Será nuestro propósito individual pero como siempre necesitaremos del consenso del grupo, del claustro, del consejo escolar, de la administración, de las familias y de la sociedad.

Devolver a los niños y a las niñas el derecho a vivir y disfrutar de la infancia.

Lo repetiremos varias veces para no olvidarlo:

Calmadamente, con calma, despacio, con tranquilidad, sosegadamente. Con sentido.

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