Día de la Paz

¿Qué conmemoramos en los centros de educación infantil el día 30 de enero? ¿El día de las Palomas? Con tanta representación de su símbolo, -más-menos artístico, más-menos artesano-, con tanta declaración, tanta lectura de poemas, murales -con la palabra paz en todos los idiomas del orbe- y hasta performances, creo que le estamos haciendo perder el sentido. Es otra romería más, de las muchas que hacemos; hasta hay quien, adelantándose al calendario, ya se disfraza.
Volvamos a los orígenes. La educación para la paz pretende conseguir la construcción de un nuevo orden mundial, basado en un concepto de paz positivo, de modo que las relaciones en cualquier nivel -individual, familiar, social, nacional, internacional- tengan como resultado la solución no violenta de los conflictos y la justicia. Es decir, la aplicación y la práctica de los derechos humanos.
Bien, y ¿cómo le explicamos esto a nuestro alumnado? -hacer palomitas, o poner manos de colores en un mural, puede ser una forma bastante abstracta- pueda que la única manera sea vivenciándoa en el día a día, haciéndoselo entender, verbalizando, analizando, cuestionando, enjuiciando, razonando, argumentando …, de manera inteligente, ya que, estamos hablando de seres inteligentes capaces de aprender, especialmente con el ejemplo.
El orden y conflictos a nivel nacional, mundial, internacional, universal, se me antoja un poco elevado para los conocimientos previos que tienen los niños y niñas de estas edades, a no ser que lo limitemos a un trato superficial, anecdótico y sensacionalista que procure reacciones de tipo visceral. A mí, me llega de sobras con trabajar la educación para la paz en mi aula y en los espacios comunes del centro los tres años que las criaturas permanecen conmigo, en todo momento, y desde todas las competencias básicas en las que debo iniciarlos.

Por ello, y dado que es el día grande de los equipos de dinamización de convivencia escolar, yo sugeriría que más que centrarse en los fastos de la celebración, amén de toda la parafernalia artesanal que la rodea, sería conveniente hacer un análisis de la convivencia en el centro, sin encuestas de por medio, que no hace falla en un centro de infantil, tratar una base de datos para saber donde se producen el mayor número de conflictos, las mayores discrepancias entre alumnado, profesorado, otro personal de servicios y familias, cada uno de ellos entre sí y con los otros. Tenemos entre manos niños y niñas de 3-6 años, preguntémonos y reflexionemos si nos dirigimos a ellos con respeto, si gritamos, si todos hacemos lo que luego les obligamos a cumplir …, o tienen que ir conociendo las filias y fobias de cada una de las personas con las que se topan en el mismo espacio. Puede que eso sea lo que hay que hacer por la convivencia escolar, más allá de buscar cuentos, poemas, imágenes, manualidades o juegos para el día.
Como esto puede que no le guste a muchas personas, a lo mejor hace falta que explique los motivos de mi aversión a este tipo de rituales. Hace muchos, bastantes años, tuve una “revelación” cuando estaba ensayando con el alumnado una representación teatral dirigida a las familias, sobre la obra de David McKee, “Blancos y negros”. Me escuché a mí misma gritando muy desquiciada: ¡”Que no!, que no es así!, que ahora estáis todos muertos; tiraros al suelo ya!!! ¡Que no me hacéis ningún caso!!!” Me quedó grabado. Luego reflexioné mucho sobre esto y sobre si merecía la pena estresarnos, gritar, pedirle a los chicos que actuaran como monos amaestrados, para mostrar a las familias la importancia de la paz y del respecto de las diferencias. Las familias pueda que entendieran el mensaje; las criaturas no lo tengo tan seguro.

Desde entonces, me niego a los festivales, a las representaciones teatrales y a las palomas. Lo confieso, miro para otro lado. Tan sólo me queda sufrir las imágenes tan “vistosas” que se emiten ese día en la televisión, de cientos de escolares agitando al viento su palomita, o a otros incluso soltándolas. Esto en la TV, vende mucho y queda muy bien; luego, no importa que en las restantes 24 horas de emisión no se vea un niño correcto, educado, solidario, colaborador y con buenos modales -esos son un repipis–, y la televisión le gustan más los niños maleducados y malcriados.

Termino, porque si no corro el riesgo del desbarre. Dejeémonos de tanta simbología y trabajemos por la PAZ -así con mayúsculas-, cada día del año, pero con sentidiño.

Y PAZ también para las palomas, que ya tienen bastante con lo suyo.

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