Nuestra aportación a la educación infantil

Reflexiones para el Día del Libro

In AlfabetizArte, ContArte on 23/04/2012 at 07:50

En el Día del Libro 2012, con tal saturación de declaraciones, vídeos, testimonios, etc, tan sólo dos reflexiones:

1ª.  Nadie duda de lo que supone para la persona el hecho de leer, de ser lector, ahora bien, todos estas celebraciones y fastos alrededor del libro van a la búsqueda de lectores o de consumidores de libros? Ojo porque no es lo mismo. ¿Hay alguien que promueva el placer de leer y releer un libro que no sea novedad editorial? Puede que estemos deslizándonos peligrosamente justo por el lado contrario.

2ª En las edades con las que nosotras trabajamos, el mejor fomento de la lectura es leerles en voz alta a diario, tal y como vimos en un cartel expuesto en una de las escuelas italianas que visitamos recientemente, en el que se recogía una cita de Emilia Ferreiro, que viene a decir algo así como:

Asistir a un acto de lectura en voz alta es asistir a un espectáculo mágico. Parte de la magia consiste en el hecho de que las mismas palabras y en el mismo orden vuelven repitiéndose una y otra vez, una y otra vez con los mismos signos.

La fascinación de los niños por la lectura y relectura de la misma historia se sustenta en ese descubrimiento fundamental: la escritura fija la lengua, la controla de tal modo que las palabras no se pueden evadir, no pueden escapar ni se sustituyen las unas con las otras.

Para predicar con el ejemplo, proponemos una relectura -o primera lectura- de la conferencia que impartió Emilia Ferreiro en el 26º Congreso Internacional de Editores (CINVESTAV) en Méjico en el año 2000; que sigue de plena actualidad y vigencia y en el que, entre otras muchas cuestiones relacionadas con la lectura, con los lectores o con el ilestrismo, les dijo a los asistentes:

Por más eruditos y humanistas que sean, LOS EDITORES PRODUCEN OBJETOS INCOMPLETOS POR NATURALEZA.

Un libro es un objeto en busca de un lector, y no puede realizarse como objeto cultural hasta que no encuentra un lector. Ese lector es muy mal caracterizado cuando se lo define simplemente como un cliente. Se puede comprar una colección de libros para exhibirlos en la sala de recepción de la casa o en el estudio profesional. Esos libros siguen siendo objetos incompletos: bibelots sin intérpretes. El libro se completa cuando encuentra un lector-intérprete (y se convierte en patrimonio cultural cuando encuentra una comunidad de lectores-intérpretes).

Por eso es tan singular la tarea de un editor: no solamente debe producir un objeto tan cuidado y acabado como sea posible, sino tener conciencia de que tal objeto, por más cuidado y acabado que sea, será siempre incompleto si no encuentra “el otro”/”los otros” que le darán completud. Ese “otro” (esos “otros”) deben ser lectores.

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