Nuestra aportación a la educación infantil

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San Miniato: una manera de hacer infancia

In FormArte on 23/04/2012 at 07:55


En el primero que nos insisten en La Bottega di Geppetto cuando nos explican los servicios comunales de atención a la infancia es en que su prioridad no es la conciliación sino la oferta de algo que es necesario para los niños/as. Quieren garantizar que, siendo voluntaria la asistencia, aun así exista una plaza para cada alumno; ese es su reto. En la región de la Toscana están muy comprometidos con la infancia. Incluso le ofrecen las familias la posibilidad de que, sin asistir diariamente puedan acudir al centro para relacionarse, niños y padres. Son totalmente contrarios a los “paquetes horarios” porque les interesa prioritariamente el bienestar de los niños/as, no la comodidad de las familias.

Tienen 10 servicios, en los que acogen 180 criaturas (80 quedan fuera). De su coste el 40% es aportado por las familias y el 60%  de la comunidad. Hay 3 centros comunales, 2 privados y 5 gestionados por cooperativas. Para ello hay una comisión que vela por la calidad de los centros privados que solicitan permiso de apertura para evitar diferencias.

El nido Pinocchio fue el primero en abrir, hace 30 años. Este es el que visitamos y que nos sirve de referencia. Acogen niños de 3 a 36 meses, con una ratio de 3 por adulto. A la entrada hay una zona de filtro, una zona de psicomotricidad y luego tres laboratorios: de lectura, de teatro, y del color/manipulación (en un luminoso patio interior acristalado). En la zona de manipulación vemos tarros llenos de pastas, de arena, de caparazones y piedras, todo a su alcance, allí manejan material natural, de recuperación, y material no estructurado. La zona de disfraces/teatro está llena de espejos y estructuras que permiten colgar telas para hacer teatro; también tienen cámaras fotográficas para tomar imágenes de los niños cuando se transforman con un trapo. Nos gustó la idea de tener un estor colgado del techo, con ventanitas a distintas alturas que se baja para hacer teatro, y cuando no, se recoge y no estorba ni resta espacio. Las instalaciones del centro se completan con una sala de juntas, tanto para personal como para entrevistas con familias. El horario diario del centro y el calendario anual está expuesto a la entrada, junto con las fotografías y puestos de las personas que trabajan en el nido: 9 educadoras, 2 cuidadoras y una auxiliar permanecen allí desde que abren hasta que cierran.

Por la tarde, divididas en tres grupos, visitamos otras modalidades de los servicios: uno de gestión privada –Pollicino-; otro de cooperativa –La Fata Turchina-, en el que hay un área de encuentro y juego –Il Paese di Balocchi-; y otro público –Mastro Ciliegia-, en el que finalmente nos reunieron a todas para hacer una puesta en común y responder a nuestras preguntas.

En cualquier caso, lo más importante, la filosofía del proyecto educativo de San Miniato, ya habíamos tenido ocasión de apreciarlo y comprenderlo durante la observación de la mañana.

San Miniato es una realidad única, comprometida y respetuosa con la infancia. Un referente a tener en cuenta.

La idea que se tiene sobre la infancia es un constructo social, y ciertamente, nos gusta como la “edifican” en San Miniato.

Aquí cerramos nuestra “expedición pedagógica 2012” a Italia. El grupo, como dijimos al principio estaba conformado por 12 maestras de infantil, 1 especialista de inglés en EI, 1 profesora del CS de EI y 1 responsable del programa educativo Preescolar na Casa. Un puñado de profesionales comprometidas con la mejora de la educación infantil en Galicia, que tuvimos ocasión de reflexionar -seguiremos haciéndolo- sobre el modelo de atención a la infancia que le estamos dispensando a la sociedad. Especialmente interesante, para nosotras, fue la visión de las compañeras más relacionadas con el ciclo 0-3, que, con sus opiniones y aportaciones nos hicieron caer en la cuenta de la brecha existente entre el 0-3 y el 3-6 -semejante al que siempre criticamos entre infantil y primaria; del desconocimiento que tenemos sobre lo que los niños/as hacen antes de llegar a nuestras manos. Esto, como ya hemos dicho en muchas entradas del blog, tiene una solución muy fácil: tenemos que establecer una relación entre los centros 0-3 y los 3-6. La administración educativa, no parece caer en la cuenta de esta necesidad, por ello la iniciativa tiene que partir de los equipos directivos, docentes y responsables educativos municipales. Tenemos que saber los unos de los otros, ya que nuestros “usuarios” son los mismos. Esto tiene que ir más allá de una mera visita de acogida; tiene que ser una relación cotidiana y constante, no son mundos diferentes, no seamos nosotras, las que con nuestros prejuicios, no facilitemos esa transición, que en algunos casos es dura para los niños y niñas. Todas/os trabajamos por lo mismo: la educación de la infancia, eso es lo que nos tiene que unir.

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San Miniato: slow life

In FormArte on 23/04/2012 at 07:53

Aprovechamos el tiempo que nos dejaron para almorzar para subir a San Miniato, la ciudad medieval que se encuentra en la cima de un monte, pues las escuelas están en la zona nueva, en la zona baja. En la mitad del camino de ascenso, un indicador nos informa de que entramos en una Cittàslow , algo que pudimos comprobar en el reducido tiempo que allí permanecimos. Sólo algo más de 100 ciudades en el mundo pueden lucir el logotipo del caracol, ya que deben cumplir al menos con cincuenta indicadores de la calidad de vida saludable, de la ausencia de estres, de las tradiciones, etc. En palabras de sus promotores -este movimiento nació en la Toscana- buscan ciudadanos interesados en los viejos tiempos, en ciudades con plazas, teatros, tiendas, cafeterías, hospedarías, lugares santos, paisajes virgenes, artesanos fascinantes, donde el hombre reconoce la importancia de la lenta sucesión de las estaciones con el movimiento del buen producto casero que respeta el gusto y la salud de las tradiciones espontáneas.

En esta hermosa villa llena de rica arquitectura, tradiciones y arte, se nota la calidad de vida de sus ciudadanos. Gente que se desplaza en bicicleta por las empinadas calles que conducen al castillo; otras sentadas en las puertas de las casas o de los comercios con productos locales colocados de tan atractivo modo que nos hacen parar a cada momento, restaurantes slow, y otros muchos detalles (como el próximo festival de cometas para que los niños/as elaboraron los carteles anunciadores) hacen que más de una, fantasee con la idea de vivir en un sitio así.

Nos detenemos en la descripción de este lugar, porque nada es casual; sólo en un sitio como San Miniato y en el que se vive de tal manera, se pueden concebir unas escuelas con una filosofía educativa como la que tienen.

El movimiento slow comenzó con la slow food, luego se hizo extensivo a la slow life, apostando por una desaceleración del ritmo de vida actual, para más tarde transferirse al ámbito educativo con la slow education, cuyo representante más conocido es el maestro rural italiano Zavalloni Gianfranco, quien estableció un decálogo de derechos naturales para los niños y niñas, que recogemos a continuación:

1º Derecho al ocio, a tener tiempos no programados por las personas mayores.

2º Derecho a ensuciarse, a jugar con la arena, con la hierba y con las hojas, con el agua, con las piedras y con las ramas.

3º Derecho a los olores, a percibir y reconocer el aroma de la naturaleza.

4º Derecho al diálogo, a escuchar y poder tomar la palabra, y a conversar.

5º Derecho al uso de las manos, a martillar puntas, a cortar y lijar maderos, pegar, moldear la tierra, ligar cuerdas.

6º Derecho a un buen comienzo, a desayunar con productos sanos desde el nacimiento, beber el agua limpia y respirar el aire.

7º Derecho a la calle, a jugar en las plazas libremente, a caminar por las carreteras.

8º Derecho al monte, a construir un refugio-juego, a tener guaridas donde esconderse, a árboles por los que trepar.

9º Derecho al silencio, a escuchar soplar el viento, al canto de los pájaros, al escurrir del agua, al batir del mar.

10º Derecho a los matices, a ver el amanecer, el ocaso, a contemplar la noche, la luna y las estrellas.

Esto es lo que nosotros intuimos sirve de guía en las escuelas de San Miniato, por ello, al volver a encontrarnos con la responsable de la Bottega di Geppetto, tratamos de confirmar nuestras percepciones. Le preguntamos si aquí se aplicaban los postulados de la pedagogia della lumaca, de la educación lenta; meditó un rato y nos respondió que sí.

Para nosotras es igual la denominación que quieran ponerle a este modelo educativo, si hay relación o no entre la slow education y San Miniato, lo realmente importante es el respecto a los tiempos e intereses de la infancia.

San Miniato: una realidad slow

In FormArte on 23/04/2012 at 07:51

Desde que salimos a primera hora de la mañana de Pistoia hacia San Miniato, todo parecía estar preparado para predisponernos a lo que allí encontramos. Una distancia de 30 km que hicimos por carreteras locales, que transcurrían por paisajes que se corresponden con esa imagen estereotipada que todos tenemos de la Toscana, semioculta por la bruma, pero que permitía intuir senderos de cipreses que conducen a villas en lo alto de colinas con las laderas cubiertas de olivos y romero en flor. Atendiendo a nuestro objetivo, tuvimos que resistirnos a muchos pequeños pueblos  que invitaban a quedarse en cada uno de ellos. Hacia el final del trayecto abre el día, entonces la visión es de estampa.

Según las indicaciones del GPS, llegamos a un sitio perdido en medio de la nada, lo que nos hizo pensar en que habíamos errado al introducir las indicaciones. Pero no, allí estaba la Bottega di Geppetto, el centro de documentación y formación de las escuelas de San Miniato, donde nos impartieron una sesión de inmersión en el proyecto educativo de esta comunidad.

Acto seguido, nos llevaron a la escuela Pinocchio, donde nos mostraron parte de las instalaciones y luego nos distribuyeron en grupos de 4-5 por las distintas “aulas”. Inicialmente, estábamos desconcertadas.Nos pidieron que nos sentáramos y que no interviniésemos en la escena que íbamos observar, el momento del almuerzo, a las 11:45. Quince niños/as de edades mezcladas de entre 1 y 3 años, junto con tres adultos (la educadora, la asistente y la auxiliar), sentados en las mesas en las que antes habían estado jugando, ahora preparadas para la comida con sus manteles, vajillas, cubiertos, vasos y paños, al igual que en cualquier casa. Nada era de tamaño infantil, ni de plástico. Con mucha calma y ritualismo, cada niño/a va sirviéndose la sopa, y cuando todos estuvieron listos, comenzaron a comer por su mano, con una corrección y naturalidad que nos dejó sorprendidas. La adulta que comía con ellos, no estaba allí para corregir, sino para ser modelo y ejemplo. Simplemente comía, y de vez en cuando, le daba una cucharada a aquellos que tenían menos edad aunque se defendían con solvencia. Podríamos decir que los escuchaba con los ojos y con los oídos, ayudándoles con un gesto o con una palabra, más que con una explicación. Como una familia, conversaban con tranquilidad, y terminada la sopa, cada cual puso su plato en el carrito, y volvieron a repetir el ritual de servirse el pollo con patatas aplastadas, así como el agua de una jarra. Por cierto, por si quedó alguna duda, todos tenían cara de estar felices, relajados y bien alimentados. Esto duró lol que debe durar una comida placentera compartida con amigos. Nadie les metió prisa, nadie dio ninguna orden, pero todo discurría con una calma que se nos fue metiendo en el cuerpo y nos hizo surgir muchas preguntas tales como: cómo es posible que en nuestras escuelas sean acarreados para el comedor como manadas, que coman apilados, que sean amenazados si no les gusta la comida…, ¿cuándo se convirtieron estos momentos en comidas de trabajo o en repostajes en el circuito?

Alguien se puede estar preguntando si viajamos a Italia para ver unos pequeños comiendo pollo con patatas; pues puede que fuese necesario ver que hay otras maneras de hacer más serenas y respetuosas con los tiempos de la infancia, que obtienen mejores resultados pese a que no son más costosas. Hicimos la cuenta sobre el personal que hay en nuestros comedores y viene a salir lo mismo, pero con la salvedad de que unos son “proveedores”, y otros son personas que comparten un momento grato.

Terminada la comida, todos colaboran en la recogida y limpieza, y tras eso, van a ampararse junto a la educadora que en un confortable rincón, reparte cosquillas, caricias al tiempo que lee un cuento en voz alta.Mientras tanto, de uno en uno, ordenadamente van pasando junto a la auxiliar a cambiar los pañales; vuelven sin ropa, descalzos y casi todos con chupete pasan para un espacio tenuemente iluminado en el que hay quince colchonetas; cogen sus mantas y almohadas y se acuestan a dormir.

Nosotras entre pasmadas y maravilladas, terminamos aquí la provechosa visita a este centro de atención a la infancia -nunca mejor empleada esa denominación; como apreciaréis, visto lo visto, ni siquiera nos importó que no nos dejasen tomar fotografías. Ya vimos lo que había que ver y eso no hay imagen que lo pueda transmitir. Es para pensar; la atmósfera apacible en la que viven estos niños en el centro, no podemos recogerla con una cámara. Que nadie nos hable de asistencial o educativo. Hay que recordar que son criaturas de 12 a 36 meses. Tan sólo decir que es así como nos gustaría que fuesen atendidos  nuestros hijos/as, y todos los niños/as.

Escuelas de Pistoia y San Miniato

In FormArte on 29/03/2012 at 14:55

Salimos para Italia. Llevamos mucho tiempo acariciando la idea de visitar las Escuelas infantiles de la Comunidad de Pistoia y de San Miniato y por fin llegó el momento tan esperado.

Para nosotras las escuelas del norte de Italia son un referente de buen hacer en la atención la infancia. Hace dos años tuvimos ocasión de conocer algunas de la Comunidad de Reggio Emilia (ver las entradas que le dedicamos), y aun a día de hoy, seguimos recordando pequeños detalles que inspiran nuestra práctica diaria. No es fácil comprender en tres o cuatro días el funcionamiento de unos servicios que llevan décadas destacando  a nivel internacional, pero la preparación previa, las lecturas, la visita, y el intercambio de miradas y opiniones entre las compañeras que allí vamos, dará, cuando menos, para ser un revulsivo en nuestro quehacer.

En Pistoia nos acompañarán Sonia Iozzelli y Annalia Gallardini en una visita a seis escuelas que se distinguen por su trabajo con el medio natural, con las artes o con la biblioteca. En este enlace se puede acceder a más información.

En San Miniato, con los responsables de la Bottega di Geppetto, -el centro de documentación de los servicios educativos-, conoceremos tres de esos “laboratorios de la educación infantil”. Estas escuelas nacieron lideradas por Aldo Fortunati, quien se inspiró en las concepciones educativas de Loris Malaguzzi para tratar de ver el futuro a través de los ojos de los niños y de las niñas, no perdiéndose en la retórica de sus derechos. Desde aquí más información.

Hace tiempo que descubrimos que estas breves “expediciones pedagógicas” nos suponían tanta o más formación que cualquier curso por muy prolongado que este fuese. Ya hará cerca de veinte años, muchas de las que ahora vamos, fuimos llevadas de la mano de la nuestra querida y recordada asesora Lourdes Taboada a conocer las escuelas del norte de Portugal, que, con el asesoramiento pedagógico de la profesora Julia Formosinho, llevaban a la práctica educativa rural lusa el modelo curricular High/Scope; aquí conocido gracias a las publicaciones del profesor Zabalza Beraza (ver “Calidad en la educación infantil“).

Es difícil de creer, pero tantos años después, esa importancia de la calidad ambiental, de las “experiencias llave” o de las interacciones entre niños/adultos, que tienen en las Escuelas de Braga, Módena,Trento, Turín, Reggio Emilia, Pistoia, San Miniato o Pamplona, aquí, en Galicia no consiguen cuajar, pese a la toda la labor de difusión y formación que han hecho personas como Miguel ZabalzaLina Iglesias ForneiroLois FerradásBattista Quinto BorghiAlfredo Hoyuelos o Francesco Tonucci, entre otros. Esto da para pensar un poco.

Contaremos a la vuelta de nuestro pedagógico Giro de Italia 2012, en el que también trataremos de recoger los ecos de la Fiera del Libro per Ragazzi de Bolonia, una de las más importantes citas a nivel internacional en cuanto a la literatura infantil, que en esta edición 49 dedican una exposición extraordinaordinaria a “La flor más gran del mundo” de José Saramago.

Mientras tanto, a través de Twitter  y de Facebook, iremos reseñando aquello que más nos impresione.

Buenas vacaciones para todas/os y hasta la vuelta.

Escuelas infantiles de San Miniato

In ActualizArte on 31/01/2010 at 12:05

Para situarnos, tasa de escolarización de niñas y niños de 0-3 años de un 40% (recordemos que el objetivo de la Agenda de Lisboa para el 2010 es de un 30%, que en Galicia y en el resto del estado estamos un poco lejos de conseguir), trayectoria de 25 años, implicación de toda la comunidad local en la gestión y en la organización de los servicios de atención a la infancia, en un continuo diálogo entre el mundo adulto y la infancia …, cierto, estamos hablando de escuelas infantiles del norte de Italia.

“San Miniato es una realidad única, pero no  la única realidad, como tampoco es una realidad aislada, sino el reflejo fiel de la historia pedagógica y política de mustios ayuntamientos del Norte de Italia comprometidos con la educación y muy especialmente con la educación de la primera infancia. Todos se han convertido en laboratorios de una nueva forma de entender la infancia, la educación, la escuela, la gestión y la política.”

Aldo Fortunati en la obra, La educación de los niños como proyecto de la comunidad narra la experiencia de la escuelas infantiles de San Miniato, inspiradas en las grandes ideas pedagógicas de Loris Malaguzzi, entre otros.  Su contenido expone la tradición del último tercio del siglo XX en los ayuntamientos italianos.

Aunque es difícil pensar en el futuro sin verlo a través de los ojos de las niñas y de los niños, constantemente la infancia no está en el centro de los proyectos de la política, y esto es una gran contradicción. Por lo tanto, un buen proyecto de educación y de futuro, pasa primero por la afirmación de la conciencia sobre la identidad y potencialidad de la infancia y a continuación necesita fuertes alianzas para no perderse en la simple retórica sobre sus derechos. Hace falta que sus proyectos se vean compartidos, tanto a nivel social y político, como a nivel técnico y de práctica cotidiana del trabajo con los niños y con las familias.