Nuestra aportación a la educación infantil

El álbum ilustrado en infantil

In FormArte on 20/11/2011 at 21:02

Mi participación en las I Xornadas de Literatura e Ensino, no siendo una especialista en literatura infantil, ni autora, ni ilustradora, fue en calidad de usuaria habitual de libros infantiles, a decir de los conocidos, con buena mano para seleccionar aquellos más cercanos a los gustos de los niños y niñas.

Intervine, tras la entusiasta puesta en escena de la “amante de los álbumes” Gracia Santorum, que trató de mostrarle a los asistentes que el álbum no es sólo para el público infantil, sino que, superados los prejuicios iniciales de los adolescentes -que por su formato, asocian álbum a los cuentos de la infancia de la que huyen-, pueden dar mucho juego en las aulas de secundaria. Para convencer a los recelosos, hizo un despliegue de su colección de álbumes -dice atesorar cerca de mil ejemplares que en breve expondrá en el centro de enseñanza en el que trabaja, de lo que suponemos dará buena cuenta en el blog referencial del que es coautora, Trafegando Ronseis. La lectura de “Caja de cartón” convenció hasta a los más escépticos. Magnífica. Esos son los caminos del entusiasmo.

Mi exposición giró alrededor de la selección de libros para las aulas de infantil. Siendo conocedora del cambio que se ha producido en este campo en los últimos veinte años, y del papel preponderante de las editoriales gallegas en el ámbito internacional, destacando por la calidad de sus productos, cuestiono la etiqueta álbum como distintivo superior diferenciador de otros como pueden ser el libro ilustrado o el libro de imágenes. A mi entender, los límites son tan difusos que si nos ajustamos a los criterios definitorios de álbum que apuntan los expertos, quedarían fuera la mayor parte de los álbumes canónicos que, por otro lado, ellos mismos apuntan. Considero el álbum fruto lógico de la evolución que se ha producido en la intención de llegar más y mejor a los gustos de los chicos de hoy en día, atendiendo a que su bagaje está absolutamente determinado por el audiovisual y por los mensajes publicitarios; y al igual que sucedió con las series de animación traspasó las fronteras infantiles y en la actualidad se publican álbumes que por sus temáticas, por la complejidad del texto o de las imágenes apelan la experiencia e inteligencia de una persona adulta para ser capaz de entenderlos.

Por otro lado, considerando que en el álbum se armonizan el lenguaje escrito y el lenguaje artístico, la radicalización del peso de la ilustración en detrimento del texto conduce a la consecución de otro objetivo, también importante, pero no literario, sino plástico. Razón, a mi entender por la que los expertos no acuerdan enmarcar el álbum como nuevo género literario sino que lo denominan “nuevo producto editorial”.
En cualquier caso, para una persona que va a comprar un libro para sus hijos o alumnado esto es irrelevante. Casi nadie va a buscar un formato, lo que se va buscando en algunos casos es una buena historia y en otros un bonito libro. El álbum no es un fin en sí mismo, es un medio más. Por lo que intenté apuntar algunas claves para seleccionar esos libros que logren cautivar a los más pequeños. Más allá de los discursos expertos, muchos de esos, bien o mal llamados, álbumes cumplen con el objetivo tanto por su formato (tamaño, características de páginas, tapas, contratapas …); como por el texto (abundante, escaso, ausente, en prosa, en verso); como por las ilustraciones (siempre y cuando no sean un mero alarde artístico, o tan conceptuales que se escapan del entender de los niños y niñas); como por las temáticas que abordan. Aquí hice una advertencia sobre una tendencia que afloró en los últimos años asociada al álbum, que a mi entender va en contra del espíritu de la infancia, la aparición de lo que denomino una recreación en el feismo de la vida: la muerte, la violencia, la soledad, la tristeza, el maltrato, la guerra, injusticia social …, un lavado de la conciencia adulta, que no sabiendo qué facer, vuelca sus frustraciones sobre los niños y niñas creyendo que de esta manera aprenderán a evitarlas o a convivir con ellas. Es opinable, pero casi ningún padre/madre le compra un libro a sus hijos sobre esos temas por muy poéticos y líricos que sean; lo hacemos los docentes y se incluyen en las listas de honor de los libros destacados.

La segunda advertencia en cuanto a temáticas fue referida a otra tendencia, también perniciosa, lo que denomino “los cuentos curriculares”. Autores y editores sabedores que la escuela es una de sus mejores proyecciones, fabrican artefactos didácticos disfrazados tras un personaje o tras una original ilustración, con una corrección curricular y con un didactismo explícito que aterroriza a la literatura infantil, por naturaleza irreverente, escatológica, divertida, surrealista e incluso absurda. No es que descarte el aprovechamiento didáctico que se puede hacer de una obra de literatura infantil, todo lo contrario, pero eso es algo a posteriori, si el motivo por el que se elige es por el placer de leer, por la potencialidad de hacer soñar los niños y niñas.

Apunto, asimismo, la posibilidad de que publiquen algunos de esos productos tan artísticos en otros soportes que mejor permitan apreciar la riqueza de las ilustraciones pero también hablo del riesgo de que en ese traspaso se pierdan gestos del acto de leer libros en pos de la primacía de la imagen.

Finalmente apunto el rol decisivo del mediador/a entre el libro y el individuo sin competencia lectora, tanto directo (docente, padre/madre, animador) como de los “recomendadores de lectura” indirectos (blogs, webs, revistas, listados …), apelando en este caso a una ética responsable de su papel, no dejándose guiar por las novedades, por las estrategias comerciales, por el prestigio de los autores, o por la trayectoria de la editora. Un libro para recomendar, en primer lugar, y en conjunto tiene que fascinar al mediador, luego tiene que probarlo con el público representativo del rango al que va dirigido. Solo, y tan sólo después, probado que cautiva también a los niños y niñas en este caso, puede recomendarlo. Deben ser conscientes de que no sólo trata de una cuestión económica, es algo mucho más grave, que afecta a la consideración que los niños y niñas tendrán de los libros, de la lectura y de la literatura.

Tras la presentación de esas, para mí, características de la calidad de un libro, pongo en cuestión que los adultos conozcamos los gustos de los niños/as a tenor de una experiencia reciente en mi aula, cuando le solicité a los niños/as que trajesen de sus casas aquellos libros que más les gustaban, aquellos que les pedían a sus padres que se los leyesen una y otra vez. A la vista de los más de cincuenta libros no me atrevo a extraer conclusiones. No concuerdan ni con lo que dicen los expertos ni con los que les mostré a lo largo de tres años. Son de la más diversa procedencia y algunos de ínfima calidad literaria, plástica o editorial. Pese  a todo, no me importa, son esos, son los que los tienen enganchados con la lectura, son los que les hicieron descubrir el libro como una fuente de placer. Son los que a lo largo de estos días pondremos en valor delante del grupo, porque son los que le gustan a cada uno de los niños y niñas de la clase.

Al igual que en la alimentación, leer, conocer otros mundos reales o ficticios, abrir la imaginación, desarrollar la creatividad, disfrutar con el conocimiento …, son como los nutrientes vitales que se pueden presentar de muy diversas formas: crudos, en cocina tradicional, en cocina light, mediterránea,  atlántica, cocina experimental o cocina de autor. Unas formas son más saludables que otras, unas sientan mejor, pero tras la ingesta, lo que importa es cuando entran en vena y son de provecho para el organismo. Y para que responder a los gourmets que consideran que sólo merece la pena llevar a la boca platos con 3 estrellas Michelín, dije que sé que a mis alumnos/as hasta que puedan apreciar en su paladar las delicatessen de Ferran Adrià, aun le quedan por comer muchas arrobas de sal en huevos fritos -que es lo que más les gusta-, pero comer comen, alimentar se alimentan. Leer leen. Y eso es lo que me importa.

Nota: para quien piense lo contrario soy una ferviente admiradora de los buenos álbumes.

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