Nuestra aportación a la educación infantil

Nieve frita

In EmocionArte on 17/06/2011 at 08:50

La primera conferencia del II Encuentro Nacional Apfrato, corrió a cargo del profesor Miguel Ángel Santos Guerra. La inició haciéndonos dos preguntas al auditorio: “¿Somos felices los docentes?”, “¿Vamos contentos a la escuela?”. A día de hoy  está dirigiendo una tesis sobre cómo envejecen los profesionales de la educación en la enseñanza; tratan de averiguar qué es lo que hace distinto a un docente de otro con el que comparte el mismo colegio, el mismo currículo, el mismo sueldo, los mismos dirigentes políticos…, ¿dónde radica la diferencia? A su entender es en las emociones.

En la misma línea que en su blog El Adarve, los contó el cuento “La sala de los 1000 espejos”, en el que un perro vagabundo entraba en una casa abandonada en la que había una sala con mil espejos; el perro al ver reflejada su imagen, se puso muy contento, ladraba y pegaba brincos, luego vio que mil perros brincaban y ladraban como él. En otra ocasión entró otro perro y al verse reflejado se puso muy rabioso y en actitud defensiva, al igual que hicieron los mil perros que lo miraban.

Es lo que nos pasa la todas las personas, y en el caso que nos ocupa, a los docentes; nuestra actitud determina, en gran medida, la actitud de los otros hacia nosotros. Si no sabemos enfocar debidamente nuestras emociones no podemos lamentarnos de los resultados.

Para él el objetivo fundamental de la educación no es el de llenar mejor y más rapidamente las cabezas de los chiquillos con contenidos sino lo de cómo hacerlos más felices, tal y como expone en “Corazones, no solo cabezas”. Sin embargo hay que enseñanrlos a entender sus sentimientos, para ello hay que seguir un patrón de método arqueológico, que tiene los siguientes pasos: el descubrimiento del tesoro (los sentimientos), la excavación, la protección, y finalmente, la exposición del hallazgo. Del que habla con detalle en su libro “Arqueología de los sentimientos en la escuela”, al que nos remitió.

Finalizó diciendo que no hay autoridad más bella en la educación que la del ejemplo, por tanto no se puede predicar lo que uno mismo no hace; es decir no se puede hacer nieve frita.

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