Cuentos sobre los cuentos

Estas son nuestras últimas adquisiciones de literatura infantil: tres cuentos que remasterizan o mezclan otros cuentos clásicos.
– “Las manoplas de Caperucita“, de Inés Almagro y Mikel Mardones en OQO. En la reseña editorial señalan: Este cuento popular fue objeto de incontables versiones. Un abanico amplio de interpretaciones que no se reduce a la aleccionadora de Charles Perrault o a la edulcorada de los Hermanos Grimm. Así, figuras de prestigio de la literatura infantil y juvenil como Roald Dahl o Gianni Rodari revisitaron desde el humor y la ironía este clásico para vestir de amarillo Caperucita o que la dote de un arma con la que conseguir un abrigo calentido de piel de lobo. El hacer que la historia no transcurra como convencionalmente es conocida o como Caperucita ha protagonizado reiteradas veces sorprende al lector y desconcierta a la protagonista. ¡Qué raro!, dijo Caperucita, mientras ponía la caperuza- en mi cuento nunca nieva!

-“Alicia Patapam en los cuentos“, de Gianni Rodari y Anna Laura Cantone en Lumen. Alicia Patapam descubre el placer de la lectura y se mete en una aventura que le permite conocer a personajes de otros cuentos como la Bella Durmiente, al lobo de Caperucita, al Gato con Botas … Observó la primera página mientras se le escapaba un enorme bostezo, pero en la segunda, su atención era como la de un caracol cuando saca sus cuernos poco a poco. En la tercera página, ¡estaba tan interesada que cayó de cabeza dentro del libro!

– “Un cuento lleno de lobos“, de Roberto Aliaga y Roger Olmos en OQO. Había lobos grandes y lobos pequeños. Lobos dormidos y lobos despiertos. Lobos gigantes, lobos enanos … y lobos con más de cien años. Había lobos de todos los colores: verdes, azules, rojos … Había lobos con gafas y lobos con sombrero. Lobos que escribían cartas, lobos tramposos y lobos que orinaban sobre un hormiguero. El cuento estaba lleno de lobos!
Roberto Aliaga nos presenta en este relato un original universo donde los lobos de todos los cuentos conviven juntos a la espera de ser llamados para su próximo acontecimiento literario. En esta especie de limbo, en que cada uno se entretiene su manera, la alerta del Lobo Papón sobre la falta de comida los moviliza por un objetivo y una necesidad compartida: saciar el hambre.

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