Nuestra aportación a la educación infantil

Trans-toying

In FamiliarizArte, InformArte on 06/12/2010 at 09:01

En el sector de fabricantes de juguetes se viene constatando una bajada en las ventas, alrededor de un 12%. En el estudio de “Intenciones de compra de juguetes en la Navidad 2010“, publicada por la AEFJ, se corrobora esta tendencia. Pero no cometamos la ingenuidad de pensar que la gente apuesta por un consumo más responsable. Para nada, lo que sucede es que hay una variación en el concepto de juguete.

De un tiempo a esta parte se habla de trans-toying o trans-juguetismo. Otra estrategia comercial que consiste en transformar objetos cotidianos en artículos de juego. Un fenómeno en alza, para constatarlo no hay más que mirar las mochilas que traen a la escuela o dar una vuelta por los centros comerciales. Cepillos de dientes con forma de juguetes, toallas o ropa de cama con personajes de las series televisivas, relojes, pulseras, platos, tenedores o pastelitos con forma de muñecas, apósitos que les hacen desear tener alguna herida para ponerse un tatoo, etc. Dicen que la estrella de ventas de adornos de Navidad este año son las bolas de Bob Esponja.

Puede saberse más en una publicación que ya recomendamos con anterioridad, “Nacidos para comprar. Los nuevos consumidores infantiles” de Juliet B. Schor, editado en Paidós. En la misma se dice que “los expertos en desarrollo infantil se preguntan con preocupación si esta nueva tendencia no dejará poco espacio a la imaginación del niño, dado que todo artículo en su entorno acaba convirtiéndose en juguete. Si todas las experiencias del pequeño se encaminan a la emoción, a la sorpresa y al juego, puede que no descubra que la felicidad y el bienestar se obtienen principalmente del aprecio de lo cotidiano. Es posible que no aprendan a valorar el sabor de la comida buena y saludable, si se les enseña que comer equivale a jugar. Susan Linn, psicóloga de Harvard y una de las críticas más destacadas sobre marketing infantil, sostiene que existe un vacío moral en todo ese enfoque. (…) Los profesionales de la publicidad no acostumbran a cuestionarse sobre esto, tan sólo se preguntan, ¿cómo entretenemos a nuestros hijos a los que nada satisface?”.

En la escuela, a veces, descubrimos con alegría como un elemento de lo más insignificante se convierte en una fuente inagotable de goce infantil. Pues a lo mejor ahí radica una de nuestras responsabilidades y tareas de cara al fomento del consumo responsable: haciéndoles ver, verbalizando y reseñando el valor de las pequeñas cosas.

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