Nuestra aportación a la educación infantil

Taller de corazones

In ContArte, EmocionArte on 30/09/2010 at 22:13

A veces, vamos buscando un libro para nuestro alumnado y encontramos uno para nosotras; uno de esos “tesoros” que poco abundan. Aunque cada vez más se publican obras en formato libro-álbum dirigido a personas adultas. Es lo que nos ha sucedido hoy. En nuestra librería de cabecera encontramos “Taller de corazones” de la editorial OQO. La reseña editorial es tan sugerente que la recogemos integramente:

Cuando llega la noche y el silencio de los soñadores inunda la ciudad,
del taller de corazones surgen misteriosos sonidos, porque…
Matías tiene un secreto.

Su trabajo nada tiene que ver con el de un cardiólogo ni su taller con un quirófano. Con una estufa de leña calienta corazones helados; con agujas de plata cose corazones rotos; y con unas pinzas de olvido ajusta la hora de corazones que atrasan para que no se entristezcan con los recuerdos del pasado.

Para los “males del corazón” se recurre, convencionalmente, al efecto mitigador del paso del tiempo. Sin embargo, Arturo Abad nos hace soñar —en su primer cuento editado— con la posibilidad de que los daños emocionales puedan tener tan fácil remedio, como un dobladillo descosido o un tacón roto.

No obstante, no hay frialdad en el trabajo del protagonista ni en la narración del autor, cargada de ternura, consciente del simbolismo afectivo y sentimental atribuido universalmente a este órgano. Imposible tampoco no conmoverse con el secreto de Matías, que nos revela la generosidad sin límite y capacidad de sacrificio del que ama verdaderamente.

Este increíble taller y su protagonista sólo podrían cobrar vida en las siempre ensoñadoras imágenes de Gabriel Pacheco. El ilustrador mexicano juega intencionadamente con dos colores: el rojo y el azul, indisociables del corazón, la sangre que a través de nuestras venas azules es bombeada.

“Dicen que nuestro corazón es del tamaño de nuestro puño. Si es así, sea entonces el de los enamorados una mano abierta por la que vuela la vida”, proclama Pacheco. Seguramente este es el motivo de que centre la carga narrativa de las imágenes en los delicados y etéreos protagonistas: Matías y su amada Beatriz, a los que él ve como “dos opuestos que se persiguen infinitamente”. Por ello, en sus ilustraciones es él quien sale al encuentro de ella cada primavera —estación enfatizada por un collage de telas de flores que trepan por los árboles— en el “juego incesante que se enhebra por el hilo del tiempo”.

El hilo es una imagen recurrente y conductora en la narración visual que realiza complementaria al texto de Arturo Abad y que el ilustrador justifica en el hecho de que “nuestros corazones se tejen del hilo que fecunda, que se ovilla, que es crisálida de flor: esa promesa que es la vida misma”.

Igual de presentes están las latas, también con finalidad simbólica: “nada está perdido, siempre podemos comenzar cosas: es como la lata que rueda por el tiempo hasta que retoña una primavera como un tiesto lleno de flores”. Así nace el amor o así lo ven y lo cuentan Gabriel Pacheco y Arturo Abad.

Un libro para recordar, para regalar, para mantener la esperanza en un mundo, cada vez más receloso del amor –en palabras de una amiga, “emoanémico”, con anemia emocional- y más temeroso de la manifestación de los sentimientos.

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  1. Vuestra extraordinaria y absoluta dedicación a regalarnos información me tiene subyugada. Por suerte, la recibo con admiración y gratitud. Y os digo esto, porque mi falta de energía para trazar nuevos caminos me tiene preocupada. Mis mayores felicitaciones.

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