A Caracola II

Esta escuela, funciona en régimen de explotación, el edificio es propiedad del ayuntamiento de A Coruña, pero hizo una concesión de explotación por veinte años a la entidad privada que la gestiona. Esto sucede en muchas otras en nuestra comunidad y también en Reggio Emilia. Escolariza 87 niños y niñas en 6 unidades; dos aulas de lactantes (0-1 año), dos de caminantes (1-2 años), y dos de medianos y mayores (2-3 años). El costo de cada niño/a por año supone una aportación económica del ayuntamiento de 1430 euros y de 1210 euros para cada familia, que puede tener una reducción en función de los niveles de renta familiares. Más unos costes complementarios que se corresponden a los servicios de comedor, desayunos, meriendas y ampliación de horario.

Nada más entrar, llamó nuestra atención en primer lugar la serenidad y paz que se respira, siempre de fondo, música ambiental. A continuación, destacamos que a la puerta de cada aula, expuesta en un atril está, al estilo reggiano, la libreta del día. Ese sistema de recogida de información que permite que las familias sepan lo que estuvieron haciendo sus hijos a lo largo del día. Es algo tan sencillo como un cuaderno de espiral, en cada hoja se recogen las actividades del día. A modo de ejemplo: “Martes 16 de marzo. Experimentamos con la temperatura de él agua y observamos como cambia él tacto de las tenerlas de colores cuando las me los metía en un cubo de agua fría como la nieve el en uno con agua caliente como él sol”; todo esto con texto y dibujos para que los propios niños puedan dar explicaciones. “25/03/10. Ya echábamos de menos practicar el arte del manchado. ¡Y hoy lo hicimos con frutas! A que mola la silueta de la manzana. También manchamos con kiwi, plátano y fresa. Ah, y no olvidemos la pera, de la que además comimos un cacho”. De esta manera tan sencilla, va haciéndose un diario de clase que ayuda tanto a las educadoras, al equipo para el seguimiento del proyecto, como a las familias. Anotan lo más significativo de cada día: aniversarios, la elaboración de títeres, la sesión de lengua extranjera, la experimentación con objetos metálicos, etc.

El otro espacio que nos gustó fue el que ellas denominan la sala de los tesoros y nosotros llamamos el Mini-REMIDA. Una habitación donde guardan las hamacas para el tiempo de descanso de los niños y niñas que quedan al comedor y donde almacenan, perfectamente clasificado el material de uso común, tanto el convencional, como estos “tesoros” del reciclaje: tubos papel higiénico, tapas, cepillos de dientes usados, pompones, etc. de esta manera se consigue tener los espacios de aula liberados de atrancos, diáfanos, para que los niños se muevan con libertad, y no como muchas de nuestras aulas que incluso parece que tenemos el síndrome de Diógenes, de esto ya hablaremos en otra ocasión, del sentido de propiedad individual del que adolecen muchas y muchos profesionales de la enseñanza.

Indagamos el tipo de supervisión que reciben, tanto a nivel proyecto educativo -no olvidemos que forman parte del sistema educativo, como de coordinación con otras escuelas 0-3 del ayuntamiento y de la comunidad; así como sobre si existía algún tipo de contacto con las escuelas 3-6 futuras receptoras de este alumnado.

Terminó la visita con un pincho de despedida preparado por el personal de cocina del centro y con una presentación que ya habían querido muchos servicios de cattering. Organizado en tres zonas o ambientes que recuerdan los pilares fundamentales de la escuela: el agua-azul, la naturaleza-amarillo y la creatividad-rojo. Ahí también tuvimos ocasión de hacer una puesta en común de la impresión que nos había causado el centro. Una compañera de 3-6, en un arranque de sinceridad, e impresionada por lo allí visto, confesó, “y ¿ ahora qué vamos a hacer nosotros cuando nos lleguen estos niños?”.

Enhorabuena al equipo de A Caracola y gracias por exponerse a nuestra mirada, que siempre parece que vamos haciendo la “prueba del algodón”, buscando el fallo, pero aquí no tenemos nada más que decir que enhorabuena, y adelante que si conseguisteis esto en seis meses, de seguro que volveremos en muchas otras ocasiones. Nuestro agradecimiento de nuevo a quien propició esta visita, Javier Rouco, como una sesión de formación para los grupos de trabajo que coordina.

Terminamos insistiendo una vez más, en la necesidad de la coordinación entre las escuelas 0-3 y las 3-6, dos realidades hasta ahora distintas pero en la actualidad parte de la misma etapa educativa, y que en la mayor parte de las localidades sólo nos separa una calle.

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