Acabo de hacer dos lecturas que me dejaron imposibilitada por varios meses para impresionarme con otros libros. Me llegaron recomendados por dos vías diferentes. En ambos casos insistieron mucho en que los leyera. Vaya por delante mi agradecimiento, porque son de esos libros con los que aun una semana después de terminarlos estás pensando en ellos.
Si los traigo a este blog es por los vínculos o alusiones que se hacen al terreno educativo. Dan para mucho reflexionar. Para mucho pensar en las leyes de convivencia, de violencia o de lo que sean. Dan para meditar sobre el papel de la educación, de la sociedad, de la herencia, de la genética, del ambiente, de las ideologías, y sobre los distintos códigos morales de los grupos, “tribus” y familias.
El primero de ellos que leí fue “Nada“. Un libro controvertido, censurado, prohibido; tan criticado y cuestionado como premiado y reconocido. La editora le encargó a la autora danesa Janne Teller una obra dirigida a adolescentes, y si bien en un primer momento quiso rechazar el ofrecimiento, una hora después barruntaba en su cabeza una voz que decía “Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo.” A partir de ahí alumbró la novela. Para aprovecharlo bien es preciso ponerse en la piel de un o de una adolescente. El punto de arranque, cuando el joven Pierre Anthon, abandona el instituto y se recluye en un árbol, nos hizo pensar en el “Barón Rampante” de Italo Calvino, por el acto de rebeldía, pero luego sus pensamientos filosóficos nos recordaron a Martina de “Deseo de ser punk” de Belén Gopegui; más adelante, cuando entra en la espiral y escalada de violencia, a aquel lejano “Señor de las moscas“. Pero es totalmente distinto a todos ellos. Los alumnos y alumnas de un aula de séptimo curso tratan de mostrarle a su nihilista compañero que la vida tiene sentido, por lo que inician una búsqueda del “significado”, de lo que para cada uno de ellos tiene importancia. Son todos distintos, son diferentes sus antecedentes y situaciones familiares, sus creencias, sus aficciones, sus miedos …, hay un retrato social muy sutil al tiempo que se narra como surgen los fundamentalismos. Poco a poco los acontecimientos van mudando, parece que ya no importa tanto el “significado” como el afán de herir al prójimo. Todo se podría olvidar cuando aparece el dinero de por medio -aquí cabría detenerse en los discursos del arte contemporánea-, hasta sus padres y sus conciudadanos podrían olvidar lo que hicieron, si no fuera por la mordaz e incordiante voz de Pierre Anthon que les pregunta constantemente por el “significado”. Una metáfora de la vida y de sus ideales. No es una lectura grata, pero sí necesaria.
Pese a que pueda haber mentes infelices que piensen que no es aconsejable, sin lugar a dudas bien guiado, debería ser de lectura obligatoria en la enseñanza secundaria. Cuando menos, se podría emplear en clubes de lectura de los institutos. Sin descartar, por supuesto, como lectura adulta.
La segunda lectura fue “La cena” del holandés Herman Koch, un libro extraordinario. De esos que se ven pocos cada cuatro lustros. Historia original pero muy creíble, porque está inspirada en un suceso que aconteció en Barcelona hace pocos años, cuando dos adolescentes quemaron a una indigente en un cajero automático. Cada una de las páginas nos mantiene en viloo, porque el autor muy hábilmente va liberando información que nos hace cambiar continuamente nuestra opinión y posición. Comienza describiéndose como personas felices que mantienen una convivencia feliz; cuando termina dice lo mismo, pero el lector de seguro que ya no tiene muy claro el precio que tienen que pagar por ser felices a su manera, pasando muy por encima de todos los códigos y normas sociales. Está magistralmente ambientada en uno de esos restaurantes “de culto” de cocina de autor, con cartas interminables que aluden hasta el último ingrediente con su denominación de origen, puede que como forma de ocultar la mediocridad de los platos. La acción se estructura al ritmo de la comanda: aperitivo, entrantes, segundo, postres, digestivo y propina, y tiene el mismo peso que cada uno de esos momentos en la cena como acto social. El racismo, la xenofobia, la irascibilidad y violencia, los trastornos psicológicos, la determinación genética, la permisividad paternal … son algunas de las claves que nos ayudarán a perfilar a cada uno de los personajes y que nos harán preguntarnos hasta dónde puede llegar el amor de los padres por los hijos.
Por cierto, el padre en el libro también es/era profesor de instituto, retirado “temporalmente” por sufrir un trastorno debido a que está quemado. Otra cuestión a tratar: ¿qué influye más, la vida personal en la profesional o la profesional en la personal?
Un libro de los que no se olvidan fácilmente.